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Templo de la Veracruz

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Si los habitantes de Carballiño tuviesen que escoger el edificio que para ellos tiene un significado más especial, señalarían sin dudarlo hacia el templo de la Veracruz.

El templo de la Veracruz ha sido declarado Bien de Interés Cultural por su singularidad dentro de la arquitectura religiosa contemporánea y puede ser considerado como el templo más emotivo y de mayor fuerza expresiva que se ha construido en las últimas décadas.

 
Este santuario ha sido levantado con el sudor de muchos emigrantes y construido en su totalidad con piedra y pizarra de la comarca levantada por canteros locales. El empeño lo puso el entrañable párroco don Evaristo Vaamonde que le encargó la obra al prodigioso arquitecto porriñés Antonio Palacios. El proyecto contemplado por Palacios incluía instalaciones complementarias al santuario, que nunca pudieron realizarse porque los terrenos anexos se ocuparon en los setenta con edificios de viviendas. En todo caso, los planos de Palacios se siguieron con bastante fidelidad en lo que se refiere al templo. Tal y como él quería, la Veracruz se convirtió en el monumento representativo de la villa y también en uno de los edificios religiosos más originales que se conocen. Este santuario de más de mil metros cuadrados, nos sorprende con una amalgama de formas neogóticas, cristiano-medievales, bizantinas y románicas. El historiador carballinés Felipe Senén, erudito de esta obra palaciega, dice que el templo es una suma teológica de la arquitectura histórica de Galicia y su conjunto todo un símbolo expresionista.
Palacios ideó este templo como un centro de peregrinación alrededor de una reliquia de la Cruz en la que murió Jesucristo traída de Tierra Santa y conservada en el templo, dentro de un sagrario de plata. El ábside deambulatorio imita el estilo del monasterio de Oseira, una construcción que Palacios conocía muy bien. En la parte inferior el arquitecto proyectó una cripta destinada a aquellas personas que contribuyesen de forma notable a la financiación de la obra, no llegó a realizarse, sólo está enterrado aquí el párroco Evaristo Vaamonde, que consiguió finalizar el templo con un presupuesto de tan sólo 25 mil pesetas y muchísimas donaciones. Las vidrieras son un elemento esencial. De ellas procede la luminosidad del templo. Celosías de cantería o incrustadas en cemento, buscando contrastes y formas cuadrangulares o redondas, en su mayoría transparentes, reservando la policromía para los rosetones, que siguen la línea de la arquitectura Románica Mendicante Gallega. El arco parabólico de los Doce Apóstoles es obra del maestro cantero Jesús González de Saavedra, mientras que las esculturas de la Samaritana, La Pecadora, La curación del ciego o La resurrección de Lázaro, pertenecen al compostelano Aldrey.


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