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El aceite gallego

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Quiroga, el aceite de Galicia

Al parecer, fueron los romanos los que, a cambio del oro que explotaron del Sil, nos enseñaron a hacer aceite, en vista de lo bien que los olivos arraigaban en estas tierras.

 
Muchos se han preguntado el porqué, y, aunque no hay una explicación definitiva, el clima del valle de Quiroga, una mezcla entre el eurosiberiano y el mediterráneo, parece ser el responsable. En el siglo XV, un mandato de los Reyes Católicos ordenó cortar todos los olivos de la zona, lo que dio al traste con la pujante industria aceitera de Quiroga. Está claro que no fue suficiente, ya que todavía han llegado a nuestros días unas 20.000 plantas, aunque en desigual estado de conservación. De hecho, si estuviesen todas a pleno rendimiento, y con mínimos cuidados de rozado y poda, se podrían recoger alrededor de 100.000 kilos de olivas, lo que daría una producción aproximada de 15.000 litros de aceite en un año de buena cosecha. Por el momento, los 6.000 ó 7.000 kilos que se pueden llegar a recoger en la actualidad distan mucho de satisfacer la gran demanda de aceite de Quiroga, una demanda que, en la práctica, atiende casi en exclusiva este molino de aceite en la parroquia de Bendilló. Cuenta su propietario, Guillermo Nogueira, que emprendió su restauración porque le daba pena que esta herencia familiar se abandonase a las ruinas del olvido. Además de una importante muestra de arquitectura popular, estamos ante un auténtico monumento, de al menos 300 años, aunque no falta quien aventure más antigüedad. Ahora este es el único que sigue en funcionamiento, de los dieciocho molinos que se conservan en la zona. El conjunto que forma el molino restaurado con la capilla de San Juan de Farrapas, en la ruta del Sur del Camino de Santiago, forma uno de los rincones más bellos de Quiroga. Y aquí es donde, desde hace un par de años, se celebra la Mostra de Aceite Artesanal, que en cada edición congrega a más personas. En el ánimo de todos está revitalizar esta tradición secular en el valle de Quiroga y llegar así a la plena comercialización de este producto singular. Las excelentes propiedades del aceite de oliva son de sobra conocidas. Pero quienes han probado este primer aceite gallego destacan su perfecto advenimiento con las joyas de nuestra gastronomía, porque su toque amargo y su acidez, índice de su pureza, resulta el aliño perfecto para el pulpo y los grelos.


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