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Caldas, villa de reyes

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Los primeros pobladores de las tierras de Caldas fueron tribus indígenas que se hacían llamar cilenos y que practicaban ritos paganos en honor al dios Edovio, entre otros.

Cuando profundizamos en la historia de un pueblo, nos acabamos haciendo siempre la misma pregunta: quiénes habrán sido los primeros intrépidos que escogieron estas tierras para abandonar la vida nómada y construir aquí un hogar, y esto es lo mismo que preguntarse una vez más de dónde venimos

 
El pueblo cileno ha llegado hasta nosotros a través de diversas manifestaciones castreñas encontradas en la comarca. Lo que no se puede asegurar es que pertenezca a los cilenos uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de Europa. El tesoro de Caldas lo descubrieron unos jornaleros un 20 de diciembre de 1940 mientras cavaban la tierra para colocar el poste de una viña en el lugar de las Silgadas. Éste es sólo una réplica, el auténtico se conserva en el Museo Provincial de Pontevedra. Tres vasijas, un peine, un gran torques, otros cinco torques más pequeños, veintiún brazaletes circulares y uno rectangular, fragmentos y restos de una lúnula. Son sólo 15 de los 30 kilos de oro hallados inicialmente. Lo que falta fue fundido y vendido sin que se conozca su paradero. Con los romanos esta villa adquirió la categoría administrativa de ?Municipium?. Caldas gozaba de los derechos de la ciudadanía romana y era además la sede de una de las legiones romanas que guarnecían Galicia. Tres de los puentes de Caldas son parte del legado romano y aparecen en el escudo de la villa. El puente grande de entrada a Caldas, sobre el río Umia, con cinco arcos de medio punto y duelas uniformes ha perdido ya su traza primitiva. El Puente sobre el río Bermaña de tres arcos de medio punto, pretil de piedra y entrantes para los viandantes, todavía conserva restos del pavimento antiguo. También es romano otro puente de un solo arco. Está en Segade, aproximadamente a dos kilómetros de Caldas y se puede acceder a él caminando sobre las piedras de la antigua calzada romana. Las invasiones y los conflictos bélicos que agitaron Galicia en los primeros siglos de la Edad Media le hicieron perder a Caldas su categoría de sede episcopal. Quedó eclipsada por la importancia religiosa de Iria, perdiendo incluso el nombre de Aquis Celenis que le habían puesto los romanos. Pasó a llamarse Caldas de Rex tras el nacimiento en la villa de Alfonso VII, hijo del Conde don Ramón y de Doña Urraca. Los monarcas habitaban un pazo con torre que a finales del siglo XIX fue derribado, con cierta polémica, para utilizar las piedras en la construcción de la iglesia parroquial de Santo Tomás. Thomas Becket o Santo Tomás de Canterbury, fue uno de los ilustres peregrinos que pasó por Caldas. En Caldas abundan los templos románicos, construidos y ajustados a las normas artísticas de las escuelas compostelanas, en las que son notorias las influencias culturales procedentes de las peregrinaciones. Destacan Santa María de Caldas, San Andrés de César, Santa María de Bemil y Santo Estevo de Saiar. A finales del siglo XVI, Caldas deja de estar sometida a la jurisdicción del arzobispado de Santiago y es nombrada Villa de Realengo por el rey Felipe II al que los vecinos de Caldas compran el derecho de administrarse como municipio libre. Comienzan a asentarse en la comarca numerosas familias hidalgas. Los Pazos de Casal Novo, O Curuxal y A Peroxa hablan de esas familias nobles que buscaron al amparo de Caldas un lugar para establecerse y vivir a cuerpo de rey.


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