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Caldas, a cuerpo de rey.

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A lo largo de la historia Caldas fue capaz de atraer la atención de reyes y gobernantes que lo eligieron como su favorito.

Las calles antiguas de Caldas conservan todavía el esplendor de su pasado mientras el resto de la villa se remueve día a día para hacer sitio a los que llegan. Una profunda transformación que ha estado motivada precisamente por su localización estratégica.

 
Cuenta la historia que fue la tribu celta de los cilenos la primera en poblar este paraíso llamado Caldas. A los cilenos les fue imposible resistirse a estas tierras fértiles de donde manaban aguas cálidas. Las termas que dieron nombre a Caldas fueron de nuevo un atractivo importante para los romanos que fundaron aquí la mansión Aquis Celenis. Ocupó un puesto importante como sede episcopal en el Reino Galaico-Suevo hasta su traslado a Iria en el año 569. Fue elegida por el Papa San León para celebrar un concilio de obispos galaicos en el año 400. Caldas fue lugar de residencia del Rey Alfonso VII y de su madre, la reina Urraca, y siglos después Felipe II la declaró Villa de Realengo. Desde entonces se llama Caldas de Reis, una parada obligada en el Camino portugués hacia Compostela, donde peregrinos, obispos, señores y vasallos han sido tratados siempre a cuerpo de rey.
Caldas ocupa 68 kilómetros cuadrados en el noroeste de la provincia de Pontevedra y es la capital de la comarca que lleva su nombre y de la también forman parte Catoira, Cuntis, Moraña, Pontecesures, Portas y Valga. Caldas de Reis es el que concentra más población. Su crecimiento demográfico es continuo y en estos momentos alcanza ya los diez mil habitantes distribuidos en nueve parroquias y 60 núcleos rurales.
A medio camino entre Pontevedra y Santiago, la forma más rápida de llegar hasta Caldas es tomar la salida 110 de la A-9. En tiempo, son 40 minutos los que se tarda en llegar a Caldas tanto desde el aeropuerto compostelano de Lavacolla como desde el de Peinador en Vigo. También se puede acceder por carretera. La nacional 550 A Coruña-Vigo atraviesa el centro de la villa y se convierte en un tormento, tanto para los vecinos de Caldas como para los que sufren en sus coches las retenciones de una de las vías con mayor tráfico rodado, no sólo de Galicia, sino de toda España. La tan solicitada circunvalación podría borrar del mapa este punto negro y solucionar la contaminación medioambiental y acústica que ocasiona el tráfico. De momento, Caldas combate este contratiempo con sus pequeños paraísos ajardinados y deja que los quebraderos de cabeza se disuelvan en las aguas del Umia, una arteria cristalina que recorre Caldas llevando vida a las tierras y sosiego a los corazones. El termalismo se ha convertido en un imán para el turismo y en una de las actividades importantes del municipio, protagonista de proyectos de futuro que ahora mismo están en plena ebullición. Aunque por sectores productivos quizás sea la industria el que emerge con mayor fuerza. Los cuatro gigantes del ranking local CLESA, FORESA, CLAVO Y BRENNTAG QUÍMICA superan los 14 mil millones de facturación anual y todavía hay otras 28 empresas que facturan más de 50 millones al año. Sumadas, elevan la cifra a 18 mil millones, un dato que hace de Caldas la tercera villa en la lista de municipios más industriales del entorno de Pontevedra, detrás de Poio y Marín. Además de cantidad, encontramos también calidad. La empresa EUROLATON, vende herrajes con la certificación ISO 9001, a 15 países de Europa, Asia y América. Ya cuentan con una delegación comercial en Alemania y este mes inauguran una nueva fábrica nada menos que en China. Las actividades agrarias han pasado a segundo plano, aunque ésta sigue siendo zona de buenos albariños.
La verdad es que en Caldas se vive bien: alimentos recién llegados de la huerta, el mar a 10 kilómetros, los servicios de una gran ciudad y la tranquilidad de una pequeña población. No podía tardar demasiado en convertirse en villa residencial o ciudad dormitorio de los que trabajan en los grandes centros urbanos. Porque vivir bien nos gusta a todos y éste es un buen lugar para vivir.


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