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Vivir en Celanova

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En Celanova el día no tiene porqué comenzar temprano. De hecho, en lugares como el Pazo A Fábrica, una estupenda casa de turismo rural, es difícil vencer a la pereza.

La belleza del enclave es un reclamo suficiente. Aquí todo está dispuesto para proporcionar al viajero el mejor descanso. Y así, después de un sueño reparador, nos disponemos a pasear por Celanova.

 
Sus calles son perfectas para ser descubiertas con calma, porque no hay nada mejor que perderse entre sus piedras y edificaciones ilustres. Quizá si nos empapamos bien del ambiente de la villa, si respiramos hondo y miramos con atención podamos descubrir el secreto. El misterio que encierra esta tierra de poetas, de mujeres y de hombres ilustres también en lo cotidiano.Y si queremos saber más y llegar al corazón, a la esencia, no podemos dejar de visitar la casa natal de Curros Enríquez, en la calle que lleva el mismo nombre. Una casa recientemente restaurada y, ahora sí, digna del genio literario que vio la luz en ella. No es de extrañar que sea uno de los orgullos, otro más, de Celanova. A nuestro alcance está contemplar el paisaje que enamoró al poeta, el que se ve desde el jardín de su propia casa. Y, quien sabe, hasta puede que conversemos con su espíritu, porque estamos seguros de que reside para siempre en este lugar mágico donde el tiempo está detenido. Fuera, la vida sigue. Y donde late de forma especial es en el comercio de Celanova, donde encontraremos de todo. Además, con la mejor de las sonrisas y dispuestos a ayudarnos a encontrar aquello que buscamos. Pero hay que cumplir con otro de los placeres de esta vida: la comida. Y aquí es imprescindible probar la pata dos poetas. Después de la suculenta comida, se impone un café y para ello nada mejor que saborearlo en uno de los establecimientos de la Plaza Mayor. Hacemos así un alto en nuestro camino, nos tomamos nuestro tiempo para, enseguida, seguir conociendo y paseando, ahora por la Alameda, junto a la fachada sur del monasterio, que merece una visita aparte.


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