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La Escuela Naval

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De un polígono de tiro para la Armada surgió la única Escuela Naval de oficiales de la Armada de toda España.

Al traspasar las puertas de la Escuela Naval se percibe en multitud de detalles que los que allí estudian y enseñan se sienten orgullosos de pertenecer a esa institución.

 
Comenzó como continuadora de la actividad desarrollada por la Real Compañía de Guardias Marinas, y acabó siendo el primer centro escolar de la Armada Española que acogió en 1957 al rey Don Juan Carlos I de Borbón y en 1987 a su hijo el Príncipe Don Felipe. El acto de jura de bandera es de suma importancia y los alumnos de Oficiales del Cuerpo General e Infantería de Marina, cuando llegan al cuarto curso, finalizan su preparación a bordo del Juan Sebastián Elcano. En sus aulas de tanta solera, los alumnos siguen formándose para adquirir los conocimientos teórico-prácticos y adaptarse al medio naval para desempeñar funciones a bordo de los buques, unidades y centros de Armada. Las clases abarcan, desde la formación humana y constitucional, a las competiciones náuticas y las regatas. La electrónica o electricidad, se alterna con las clases prácticas en simuladores y las propias embarcaciones de la escuela. De la escuela salen militares para el cuerpo de la Armada, para el cuerpo general, infantería de Marina, ingenieros, intendencia y especialistas. Una formación cada vez más completa y práctica, desde que el 15 de agosto de 1943, la escuela naval se trasladó desde San Fernando a este emplazamiento claramente privilegiado, que primero fue base naval, polígono de tiro naval y después Escuela de Artillería y Tiro Naval. Además de San Fernando, la escuela estuvo en Cádiz, la Carraca, y Ferrol. Estos chicos se levantan todos los días a las siete menos cuarto. Tras el estudio, se han de presentar en perfectas condiciones a las clases prácticas y ejercicios de educación militar, educación marinera y deportes y también salidas al mar o al campo en buques de la Escuela o de la Flota. Esta ría es la mejor aula imaginable debido a sus increíbles condiciones. Pero esto no ocupa todo el día. Hacia las 6 y media son libres para hacer lo que quieran. Muchos traspasan las puertas para estar en Marín con sus habitantes, y aquí seguro comienza uno de los vínculos con esta población. Es obvio que la escuela ha transformado la fisonomía marinense, de hecho, ha condicionado continuamente las obras del puerto, pero también ha influido en su manera de ser y de vivir, introduciendo cada año 300 nuevos marines procedentes de toda España incluso de lugares como Thailandia, con todos los actos que celebran a lo largo del año. Cada año hay muchísimas solicitudes, y sorprendentemente no siempre de jóvenes de zonas con mar. Para muchos seguro que resulta evocador pensar que, como viaje de fin de curso, harán un crucero de un mes en un buque de la flota, aunque ahí aún continúen formándose. Ya no digamos para los que se embarcan en el Juan Sebastián Elcano de 6 a 9 meses. Este viaje en concreto tiene una intencionalidad muy clara al realizarse en una embarcación de vela, y es el mayor contacto posible del guardia marina con el medio, casi con sus raíces. Después de cinco años la escuela habrá conseguido una identificación total con el medio donde en el futuro van a desarrollar su vida profesional: el mar.


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