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Paisajes de interior

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En el monte da Pastora comienza la ruta que hoy nos llevará por las entrañas verdes de Cambados. Divisar esta panorámica es clavar un aguijón en la curiosidad del viajero.

Ha llegado el momento que en cada programa reservamos para ponerse las botas y echarse a caminar. El recorrido que hoy les proponemos persigue la belleza, combinando varias rutas y dejándose llevar por el instinto.

 
Unas arcadas, desnudas cual costillaje de navío, son Monumento Nacional desde 1943. El templo que sostuvieron se construyó a principios del Renacimiento. Santa Mariña Dozo tenía cinco capillas y una sola nave de esbeltísimos arcos. Se terminó a finales del siglo XV y vino a coronar, por impulso de doña María de Ulloa, señora de Cambados, una primera construcción iniciada por su padre, don Lope Sánchez de Ulloa. Destechada y abandonada a mediados del siglo XIX, la osamenta descarnada de sus ruinas, alberga hoy la paz del silencioso camposanto. A pocos metros, encontraremos otro templo: el del Albariño, cantado por Cunqueiro y apodado desde entonces el príncipe de los vinos. Traído desde el valle del Rhin, venerado por los monjes de Cluny y alabado por todos los paladares del mundo. En la visita a este Museo descubriremos algunos de sus secretos. La próxima parada es contemplativa. En la desembocadura del Umia uno sólo puede sentarse a contemplar cómo el agua acaricia los juncos. Quedarse en silencio observando las aves. A esta hora es difícil ver otra cosa que no sean gaviotas. Las garzas y garcetas suelen preferir las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde. Particularidades y caprichos de los seres vivos, una desventaja que desaparece en los paisajes de mar. Aquí la sola contemplación del infinito azul del agua y del vaivén de las bateas es una ocupación más que suficiente. Pero si seguimos persiguiendo naturaleza viva es cuestión de echarle paciencia. Estamos en la ruta de los mazaricos y los alavancos que pasa por la playa de As Saíñas y por la zona de O Facho. Es increíble que en un pequeño pantalán se despliegue un universo de curiosidades tan dispares y a la vez tan sugerentes para la imaginación. Desde la orilla de enfrente nos saluda la isla de la Toja, pero esas son cosas para el verano. El primer sol de primavera nos ha cogido azulados de frío y el calor se nos hace extraño. Buscando la sombra de los pinos en la fresca ribera del último tramo del Umia nos quedaremos a esperar que baje el sol.


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