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Espacios de Mar

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Uno de los atractivos de Carballo es su extenso litoral marítimo: más de 8 kilómetros de longitud que nos introducen en la Costa da Morte.

En Carballo encontramos uno de los espacios naturales más importantes de Galicia, el de Razo-Baldaio, que, con sus cinco kilómetros y medio de extensión, abarca la mayor parte del municipio y conforma una de las playas más extensas de Galicia.

 
Las cerca de 1000 hectáreas de superficie protegida albergan ecosistemas muy diversos: arenales, dunas, marismas, acantilados y praderas litorales. Las condiciones propias de cada uno de estos medios se unen al efecto termo del mar, para producir una flora de extraordinaria riqueza adaptada a condiciones extremas. Algunas especies son exclusivas de esta zona y otras están consideradas en peligro de extinción. Como zona húmeda de litoral en la que confluyen aguas dulces y saladas, muestra también una elevada diversidad de especies animales. Sólo entre los vertebrados se contabilizan más de 250, aunque algunas tienen una presencia esporádica, como las aves migratorias. Mar adentro descubrimos otro universo que muy pronto dejará de presentar un aspecto desierto. Falta muy poco para que miles de personas se tumben sobre las blancas playas de Razo y Lema. El baño está garantizado por la Bandera Azul de la Unión Europea y todo el conjunto está dotado de infraestructuras y servicios, que hacen compatible la utilización turística de este espacio natural con su conservación. En este momento se está trabajando en un proyecto de recuperación ambiental que va a necesitar como es lógico de la colaboración y el buen juicio de los que se acerquen hasta aquí. El tema toca de cerca a muchos. No sólo a los que vienen a tomar el sol, también a los que llegan con sus tablas de surf dispuestos a recorrer kilómetros de olas, los que practican windsurf al abrigo de la marisma o los apasionados del parapente, que suelen descender suavemente por la ladera del monte Neme, que con toda solemnidad, resbala hasta penetrar en el océano. El Neme ya ha perdido de vista a los buscadores de wolframio que aquí abastecían de mineral a las fábricas de armas durante la segunda guerra mundial. Ahora, los que lo visitan vienen buscando tranquilidad. El ronroneo del Atlántico será el fiel compañero de los que elijan este lugar para lanzarse con mochila al hombro, a caminar por los senderos de la marisma, ávidos de aventura.


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