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Lugo, tres historias

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En Lugo entienden el progreso como la coexistencia entre la protección y conservación de los restos del pasado y el normal desarrollo de una ciudad que aspira a modernizarse.

Tres historias te contarán, pues, en el Lugo del nuevo milenio, ciudad monumental, templo de la cultura, santuario del ocio y verde refugio en el lugar donde se halla el paisaje del alma.

 
Cuando uno va a Lugo le cuentan tres historias diferentes. Primero, la de la ciudad del César. Encerrada en su muralla Patrimonio de la Humanidad es testigo del paso del tiempo desde que aquí llegara el emperador Augusto para fundar la bella Lucus, de la que quedan huellas en sus bimilenarias piedras, esas que saltan a la vista a poco que nos empeñemos en pasear la zona antigua de la capital y sus museos.
La muralla que envuelve a Lugo marca los límites de un paisaje urbano nacido de las viejas calzadas; y a sus dos mil veintisiete años de edad, sigue impresionando su mágico trazado en círculo, fronterizo entre un ayer monumental y la modernidad de una urbe que progresa.
La segunda página la escribe Lugo en nuevas zonas. Cuando te hablan de innovación miras hacia la ciudad universitaria, la del bullicio juvenil; y te das cuenta de que, esta augusta ciudad, ha sido capaz de transformar el sentir poético del pasado en un mundo abierto a la creatividad, gracias a la energía de las gentes que aquí habitan. Y explosiona cuando te proponen vivir el día y la noche con sabor y glamour, que coexisten, con la perspectiva antigua, los nuevos templos del buen comer, la cultura, la moda, el arte y la música, proyectando al exterior sus obras.
Queda aún otra historia que se ubica en la arquitectura natural, la exterior, la que explosiona en verde siguiendo el trayecto del Miño. Son lugares donde habita la fantasía y que nos traen el recuerdo de aquel pasado de subsistencia. Merecieron ser Reserva de la Biosfera y también son la postal hermosa del gran río, las fotografías en blanco y negro de todo un siglo; aquel en el que todos se iban y unos pocos quedaban moliendo maíz en el viejo molino.


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