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La arquitectura religiosa

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La villa de Moaña cuenta con un estimable patrimonio religioso que se ha construido a lo largo de los siglos.

Sucede en Moaña un caso curioso. Las iglesias parecen haber sido construidas siguiendo un único mandamiento: buscarás la belleza a tu alrededor por encima de todas las cosas.

 
San Martiño fue la primera en obedecer la ley. Es la más antigua de todas y también la única que ha conseguido el título de Monumento de Interés Histórico Artístico. No hace falta ser un experto para apreciar el sabio trabajo de los canteros que esculpieron su tímpano románico del siglo XII. Es la pieza más valiosa de su arquitectura pero puede que no se nos quede tan grabado en la memoria como la imagen de todo el conjunto. El entorno de San Martiño es, desde el punto de vista de la composición un cuadro casi perfecto. Varias viviendas tradicionales conservadas con mimo durante generaciones, nos devuelven al tiempo en que vivir era sencillamente ver pasar las horas de cada día a través de un proyector de rutinas maravillosas. En Tirán, el precepto de la belleza va unido a una aventurada hipótesis que asegura que aquí hubo en época romana un santuario dedicado a los dioses del mar. Los cristianos conservaron la tradición, lo consagraron a San Juan Bautista, un bendito emparentado con las aguas. El templo domina un acantilado rocoso cercado por un mar que puede enfurecerse en cualquier momento. En el pasado, cuando el océano se ensañaba con fuerza contra la piedra, excavaba profundas cuevas bajo el templo, tanto que en el siglo XVIII pensaron en trasladarla a otro lugar. Hoy, el peligro ha desaparecido en gran parte por el dique que la defiende de los golpes de mar. Nos vamos a Santa Eulalia de Meira, iglesia que ha buscado la armonía en su interior. Al contemplarla nuestra vista no tropieza con nada que dificulte la visión total del templo, de manera que siempre vemos la misma imagen, tanto si miramos desde la entrada como si lo hacemos desde el presbiterio. El porqué de esta curiosidad es otro atrevimiento argumentado con razones de tipo funcional que cuentan que fue concebida como un espacio puro, para dar cabida a un gran número de creyentes dentro de una atmósfera clara y luminosa que mantienen el espíritu de grupo. Porque, según las creencias cristianas, la claridad permite distinguir e individualizar al creyente, sin disociarlo de la comunidad. Y finalmente acudimos a la belleza del milagro. En San Benito de Domaio se celebra cada 11 de julio una gran romería popular a la que acuden miles de devotos que logran hacer desaparecer sus verrugas gracias al aceite del santo. Cerca, pasa un río. El discurrir del agua y la plácida vida de las ocas y los patos son una visión tan purificadora como la bendición del santo.


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