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El Xurés y otros Espacios Naturales

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Le sobran a Entrimo rutas naturales como esta Ruta das Queguas que ahora les presentamos.

A Entrimo corresponde una buena parte de la Serra do Xurés, Parque Natural Protegido y primera Reserva Internacional de la Biosfera. Aquí se puede disfrutar de una extraordinaria riqueza paisajística aumentada por la flora y fauna de un gran valor ecológico.

 
En tiempos de las veceiras había pastores en Entrimo con más de quinientas ovejas. La vida en la braña siempre fue dura: Estos altiplanos desolados y fríos nunca fueron propicios para la ocupación humana. Raya seca, monte raso y matorral infinito: En la braña no crecen los árboles, pero abunda el pasto en los secos veranos de la braña. Antaño los pastores de Entrimo traían aquí sus rebaños. Pero el mundo de las veceiras desapareció hace tiempo. Por los campos de Queguas aún se ven burras fariñeiras, una raza a punto de extinguirse, como muchas otras cosas en estas montañas.
En lo alto de la aldea de Queguas arranca una de las sendas menos conocidas del parque natural orensano del Xurés: la Ruta de Queguas, con seis kilómetros de longitud, discurre por los caminos que seguían las veceiras para subir a la sierra. El cambio de los modos de vida supuso el abandono de actividades tradicionales como el cultivo del centeno, que se empleaba para techar las casas y los alpendres. Los techos de colmo son una rareza.
La ascensión a las Cortes da Carballerira se hace por corredoira enlosada, entre prados y carballeiras en las que pastan las vacas de Queguas. Las xestas mouras, las escobas, invaden ahora los campos de centeno abandonados: Son altas como árboles, y a principios de mayo tiñen de amarillo los montes. Son el símbolo de la sierra. Las Cortes da Carballeira eran usadas durante la primavera y el verano, cuando los pastores subían el ganado a la braña . En estos currais hombres y bestias compartían espacio durante meses. En medio de los currais está la ermita de la Ascensión, a la sombra de un roble monumental.
El altiplano de Queguas es un pedregal desolado. En estos suelos esqueléticos y pobres no crecen los robles. Pero cuando llega el mes de mayo, la sierra adusta se transforma con la floración de brezos, carqueixas, tojos y xestas. Las flores de la sierra dan una miel muy apreciada: Los apicultores supieron aprovechar este recurso con las colmenas: En Queguas las protegen con techos de colmo. Hay que subir el Outeiro da Gurita para entrar en la Chaira: La senda se pierde entre el brezal: Aquí arriba pastan en libertad los caballos salvajes. Al fondo, en el lado portugués, se levanta la Peña de Anamán, un bloque granítico espectacular que destaca en el altiplano como un faro: La Peña se divisa desde cualquier punto del parque. En medio de este paisaje de granito está la Casa da Moura, uno de los dolmenes más hermosos del Xurés, tanto por sus dimensiones como por su estado de conservación. La braña de Queguas, a 900 metros de altura, es un mirador perfecto desde el que se domina toda la sierra do Xurés.


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