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Haciendo Historia

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La barca que unía la vieja Viloria con la otra orilla del Sil ha sido rescatada de la memoria colectiva.

Los primeros habitantes de O Barco, no tenían ni idea de la mina de oro que arrastraban las aguas del Sil, tuvieron que llegar los romanos con su infalible olfato para las explotaciones auríferas...

 
Decir que la ?Barca? es el origen de O Barco es jugar a las probabilidades. Los estudiosos de la toponimia se decantan por otra hipótesis: la forma de barco que tiene este lugar visto desde las alturas, desde los outeiros que poblaron los CIGURROS. Los romanos con su infalible olfato para las explotaciones auríferas, se llevaron el oro una vez más y a cambio dejaron puentes como el de Éntoma que todavía sigue siendo de gran utilidad para los vecinos de la aldea. También hicieron pasar por aquí la famosa Vía Nova o Vía decimoctava del Itinerario de Antonino. La calle Real y la de san Roque eran parte de esa calzada que había sido construida para comunicar los yacimientos auríferos explotados en la cuenca del Sil. Hay gente que piensa que todavía se puede encontrar oro en esta zona. A los romanos le sucedieron en sus conquistas los suevos y los visigodos y, ya entrada la Edad Media, este territorio cayó en manos de los Condes de Lemos, después fue de los marqueses de Vilafranca y finalmente pasó a depender de los Condes de Ribadavia. Fueron ellos los que mandaron construir un impresionante torreón. Sus elegantes ruinas fueron declaradas de interés histórico por un decreto de 1949. Cerca de la vieja fortaleza, la Casa Carballo y el Pazo de Flórez, mantienen todavía el mismo semblante altivo y orgulloso con que fueron edificados. El de Flórez está rehabilitado como alojamiento turístico y conserva el mobiliario, la decoración y las obras de arte originales del siglo XVII. Estamos en el corazón de la Vila do Castro, un lugar que nos devuelve a los tiempos en los que todavía se lavaba a mano. El haber recuperado un precioso lavadero es tan de agradecer como el invento de la lavadora. Sin embargo hay otras cosas que deben permanecer inalterables. La costumbre de bajar a las covas a beber el vino que cosecha cada familia no se ha perdido. Algunas están excavadas en la roca bajo las casas y otras ofrecen junto al vaso de vino la tranquilidad y el colorido de todo el valle. Desde lo alto la villa contempla a todos los demás. Es un mirador perfecto donde la vista puede recorrer sin pausa toda la llanura urbanizada de O Barco hasta perderse en el río Sil.
Valdeorras es un camino abierto por siglos de tránsito. Por aquí pasaban los peregrinos a Compostela. Se desviaban de la ruta para acercarse al famoso santuario de las Ermitas y de camino allí, O Barco les ofrecía también algunos atractivos. La Casa Grande Viloira podría ser hoy uno de ellos. Este espléndido edificio tiene en la actualidad rango administrativo pero desde su construcción, en 1637, estuvo unido al linaje de los Quiroga. Seguramente aquellos nobles compraban su vino en el monasterio de Xagoaza. Las cubas de este lugar respiran buen hacer y tradición bajo los mejores pilares románicos de la zona. La iglesia todavía luce la Cruz de la Orden de Jerusalén, pero el mejor patrimonio de Xagoaza son las extensiones de viñedos que tiene a su alrededor y el secreto bien guardado de la elaboración de sus vinos.


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