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Muxía, el Mar de la Muerte y de la Ría Tranquila

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El camino natural de la Costa da Morte, una senda de veintiocho kilómetros, sin asfaltar y sin ruido de motores, recorre este tramo de costa brava

Una ruta para hacer a pie, a caballo o en bicicleta, las tres maneras de conocer a fondo uno de los paisajes de catálogo de Galicia.

 
La Costa da Morte es la primera en recibir los embates del océano.Las borrascas atlánticas lanzan sobre la costa gallega temporales y fuertes vientos que azotan acantilados y ensenadas con olas de hasta diez metros. Un lugar donde los protagonistas son el mar y el viento, que modelaron esta costa prodigiosa formada por una sucesión de acantilados elevados, furnas, y playas casi salvajes.
El camino natural de la Costa da Morte arranca aquí, en la Punta da Barca, en Muxía, junto a la escultura de la Ferida, en recuerdo del naufragio del Prestige. El trazado de la ruta tiene en cuenta los puntos de interés cultural y paisajístico. El sector del litoral entre Punta da Barca y el Cabo de la Nave es uno de los más abruptos de la costa gallega: un acantilado casi continuo, sin apenas playas y en el que destaca la península que forma el cabo Touriñán y la ensenada de Nemiña.
Circular por esta red de carreteras locales y pistas siempre es una aventura. La Punta de la Buitra se adentra imponente en el mar. En su costado se esconde la playa de Arnela, una pequeña ensenada con sus laderas de color negro. En esta costa rocosa abundan las playas de cantos rodados: los coíos de Cuño y de Moreira son puntos privilegiados para observar y entender el proceso de erosión marina.
El cabo Touriñán, una península alargada y baja que se adentra en el mar, supera la situación geográfica del cabo Fisterra en un minuto de longitud. La concha de la ensenada de Nemiña está tapizada por una playa de casi dos kilómetros de longitud que sube por las laderas del monte: la arena de esta placa eólica llega a alcanzar la cota de 100 metros, una muestra de la fuerza del viento en esta costa salvaje. Hacia el sur de Nemiña los acantilados descienden progresivamente hasta la playa de Rostro, un gran arenal a mar abierto de 200 con un sistema dunar muy bien conservado. A partir de la playa de Rostro, los acantilados labrados sobre granitos vuelven a ganar altura hasta el Cabo da Nave donde alcanzan entre 150 y 200 metros de altitud. Este cabo cuya longitud geográfica es similar a la del Touriñán, es accesible por una pista: desde aquí se tiene una magnifica vista panorámica del litoral.
La Costa da Morte destaca por su extensión y por el buen estado de conservación de los diferentes tipos de hábitats de playa y duna: En esta franja costera se catalogaron hasta 21 hábitats cuya conservación es prioritaria para la UE: Hay dunas móviles con vegetación, dunas fijas, matorrales de trasduna, acantilados, esteros, islas y lagunas litorales. La vegetación de los acantilados marinos y de las dunas son las mas valiosas de la costa gallega. En las dunas está representada buena parte de la flora litoral atlántica: cardos marinos, carrascas de San Xoán, euforbias, pero también especies raras o exclusivas de estas costas. Tras el cordón dunar se extienden pinares, prados húmedos y tierras de cultivo. Estos hábitats acogen especies botánicas de interés comunitario.


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