Cerceda, la Tierra de María Luisa Rodríguez

Acercamos ahora a María Luisa a su tierra, Cerceda.
También complacemos a María Luisa Rodríguez Figueirido, que vive En Rio De Janeiro, Brasil. Su familia es de Cerdeda, A Coruña, en donde nació su padre.
Amiga María Luisa Rodríguez, si sus padres fuesen a Cerceda hoy, verían cómo se ha puesto en práctica eso que llaman desarrollo natural, pese a la convulsión que, a mediados de los sesenta, produjo el hallazgo de lignito en Meirama, la mina que cambió la vida de un municipio eminentemente agrícola. Porque, a lo largo de los últimos años, han convivido aquí, en perfecta armonía, industria y medio ambiente.
Cerceda fue una mina que hoy es un lago; y es también una zona industrial, en la que no falta el siempre polémico reciclaje de residuos urbanos. A pesar de ello, contrasta su bello medio natural, con ríos para pescar; montes con caza y parajes de singular belleza. Las industrias aportan trabajo y medios para el progreso económico de este territorio; y gracias a ellas cuenta Cerceda con unos servicios públicos modélicos, que influyen favorablemente en el bienestar social y la calidad de vida que disfrutan quienes aquí habitan.
Todo el mundo ha olvidado la lucha de As Encrobas, la primera gran rebelión popular de nuestra historia. Porque aquella mina y las demás industrias aquí ubicadas terminaron con la elevada tasa de emigración, un fenómeno social que se prolongaría hasta principios de los años setenta. A partir de entonces, en Cerceda, solo se piensa en futuro.
Cerceda fue una mina que hoy es un lago; y es también una zona industrial, en la que no falta el siempre polémico reciclaje de residuos urbanos. A pesar de ello, contrasta su bello medio natural, con ríos para pescar; montes con caza y parajes de singular belleza. Las industrias aportan trabajo y medios para el progreso económico de este territorio; y gracias a ellas cuenta Cerceda con unos servicios públicos modélicos, que influyen favorablemente en el bienestar social y la calidad de vida que disfrutan quienes aquí habitan.
Todo el mundo ha olvidado la lucha de As Encrobas, la primera gran rebelión popular de nuestra historia. Porque aquella mina y las demás industrias aquí ubicadas terminaron con la elevada tasa de emigración, un fenómeno social que se prolongaría hasta principios de los años setenta. A partir de entonces, en Cerceda, solo se piensa en futuro.
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