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Oia, el Mirador Atlántico

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Esta es la costa de la luz… ¡Estamos en el municipio de Oia!

El gran océano interpreta la gran sinfonía entre el Faro de Cabo Silleiro, límite de Baiona y Sanxián, donde comienza o Rosal.

 
Si asciendes a los montes de A Grova estarás en el reino del caballo en libertad, que va hasta A Valga, asomándose a los cien balcones de la sierra para ver cómo pasan los días azules en el Atlántico sur. Desde estos miradores, amplían el caballo y el hombre los horizontes de Oia , territorio que se extiende a lo largo de una costa luminosa y pueblos hermosos que surgen de los acantilados, donde las olas se deshacen para que podamos dibujar nuestra postal marina.
Frente a ese mar, pervive entre el salitre y a contraluz un viejo monasterio por el que vagan las almas de aquellos monjes irmandiños, que aún esperan la resurrección de la piedra.
La gente, sin embargo, sigue otro ritual; el de la luz cambiante en el horizonte marinero. Así, de cuando en cuando, pasan el día siguiendo a los barcos que estrellan la proa en el océano, cabalgando sobre olas.
Al final de la tarde es cuando se produce el luscofusco, el momento mágico en el que el sol navega con rumbo a las Américas. Y así hace posible la Costa de la Luz.


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