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Oia, Entre un Faro y un Monasterio

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Desde Galicia Para El Mundo les invita ahora a visitar Oia, la costa más luminosa del Atlántico gallego.

Visiten con nosotros rutas, monumentos, paisajes, miradores, hoteles y otras muchas posibilidades que Oia ofrece a sus visitantes.

 
Al doblar el cabo Silleiro, la carretera se lanza, recta y llana, por la rasa costera de horizontes de Oia que se extiende a lo largo de 23 kilómetros, hasta la desembocadura del Miño. Las aldeas viven entre la sierra y el mar. El antiguo faro vigila el Atlántico desde 1866, guiando a los buques que buscan el refugio de la ria de Vigo durante los grandes temporales. Las baterías de artillería instaladas sobre el monte del faro nunca se usaron.
Este tramo de costa, hasta hace dos décadas casi despoblado, se ha convertido en zona residencial y en un destino vacacional preferente. Algo tendra Oia que atrae cada año a miles de visitantes. A ambas márgenes de la carretera proliferan los adosados, los chalets, los hoteles y los restaurantes, sobre todos los especializados en bodas y bautizos.
En Oia no hay playas, pero si hoteles. Hay nueve, mas que en Baiona o Ribadeo, tiene tres casas de turismo rural y uno de los mejores centros de talasoterapia de España y un confortable hotel con vistas al mar. Al doblar la primera curva desde Cabo Silleiro aparece Talaso Atlántico: el único balneario marino de Galicia: Su piscina acristalada y luminosa, con todo tipo de chorros, es el servicio más solicitado. Un sitio para relajarse y curarse en salud. El efecto relajante del mar es lo que buscan los clientes habituales del camping do Muiño, situado en primera línea de costa. A falta se playas, el camping oferta rutas de senderismo, jornadas de pesca o de equitación. Es fácil de localizar. En Oia hay ofertas para todos los bolsillos. En temporada alta este camping se transforma en una pequeña ciudad con más de mil campistas. O Muiño tiene todas las instalaciones para atender a esta población provisional. La carretera pasa por todas las aldeas costeras de Oia. Es una excursión en coche sobre el último tramo de la costa gallega. Por la ruta no es raro ver rebaños de ovejas pastando en los prados. Los mejores corderos se crían en las brañas de la sierra da Grova, donde aun se practica el pastoreo extensivo, en aldeas como Torroña o Burgueira. Hay buenos restaurantes a lo largo de la carretera donde descubrir la gastronomía local. Frente al océano se levanta el viejo monasterio de Oia, que en el pasado defendía esta costa de los ataques piratas. La imponente fachada barroca recibe los embates de las olas durante los temporales. Es una de las estampas turísticas de Oia. Está declarado monumento histórico artístico pero su estado de conservación es pésimo. El monasterio es propiedad de un consorcio empresarial que proyecta construir un hotel de lujo. Para salvar esta joya cisterciense se creó una asociación de amigos del monasterio.
La aldea de O Arrabal, junto al monasterio de Oia, surgió a finales del siglo XVII. Situada a los pies de la cordillera da Grova, Arrmanto conserva aun un toque feudal Sus estrechas rúas flanqueadas por casonas antiguas, algunas con patín y soportal.
Desde Viladesuso o Mougás parten carreteras de montaña hacia los altos de Groba: Esta es la tierra de los curros más primitivos, de las rapas das bestas. El curro de Mougás es el más antiguo de Galicia.La red de pistas forestales son ideales para descubrir el mundo de las brañas, o las greas de caballos salvajes. Aquí se crían los pura raza gallega.


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