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Villa turística.

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Paisajes llenos de luz y preciosas panorámicas son dos de los grandes atractivos que puede encontrar el turista en A Guarda.

Les proponemos recorrer la costa guardesa, de cálidos y dorados atardeceres, y playas de singular belleza...

 
Para ello comenzaremos en Camposancos, en la Playa de O Codesal: casi una playa fluvial, en la que, con marea baja, nos podremos bañar en agua semi dulce y con gran tranquilidad. A continuación, siguiendo hacia el océano, encontraremos las Playas de La Armona y Lamiña, de arena fina de color dorado y con lugares optativos de sombra entre los pinos. La Playa de o Muiño, de arena fina y blanca, es el punto de encuentro entre el Miño y el Atlántico. Es un arenal que se sitúa frente a los portugueses de Camiña. En el que destacan sus aguas cristalinas y es un placer caminar por él hasta llegar al acantilado de La Boca. Además, esta playa cuenta con todo tipo de servicios: hotel, restaurantes y varios chiringuitos típicos. Más cerca del casco urbano de A Guarda y cara al Atlántico, podemos disfrutar de las pequeñas calas de Area Grande, O Fedorento y Carreiro. Playas, no faltan... ni bellos acantilados que algunos prefieren para tomar el sol, como los de la zona próxima al Puerto guardés, que muy pronto se convertirá en un gran paseo peatonal, que enlazará la villa con la playa de o Muiño. Y después de la playa, hay que recorrer el casco histórico de la Villa para admirar su arquitectura. En la Plaza del ayuntamiento, anexa al edificio consistorial, se alza la Torre del Reloj, que ostenta el escudo del Obispo inquisidor Diego de Torquemada, y el Barquiño, otorgado por Fernando III a los guardeses que participaron en la toma de Sevilla. Caminando calle arriba aparece enseguida otra muestra de interés arquitectónico. La Iglesia de Santa María, es la parroquial de A Guarda. En el interior de este templo se percibe al instante el fervor religioso del pueblo que se ha preocupado por conservar estas tablas pintadas desde el siglo XVI. Como premio a su esmero, les han caído del cielo las pinturas de este retablo. Se descubrieron durante la última restauración debajo de una gruesa capa de pintura. Ahora esperan encontrar más pinturas escondidas tras las imágenes del otro retablo. En la bajada al puerto todavía nos encontraremos con la iglesia benedictina y el antiguo convento de San Benito hoy transformado en un hotel con mucho encanto. Un retiro tranquilo, que ha sustituido los rigores monacales por las comodidades hoteleras y la frugalidad de la dieta de las monjas por unos desayunos deliciosos. El sector servicios está muy desarrollado en A Guarda, en donde podemos encontrar todo tipo de alojamientos. También hay un camping de primera categoría que además está en uno de los entornos más bellos del estuario. Y en este rinconcito de la costa se encuentran algunos de los restaurantes más conocidos de Galicia. Como buenos marineros, los guardeses preparan sabrosísimas recetas a base de pescados y mariscos. No se les ocurra pasar por aquí sin probarlos. Si vienen en verano no tendrán escapatoria. A Guarda les recibirá con un clima excepcional y un calendario repleto de fiestas gastronómicas y romerías típicas. Si pueden, hagan coincidir su visita en la segunda semana del mes de agosto. Llegarán en el momento más esperado del año justo a tiempo para participar en la Fiesta del Monte y vivir ustedes mismos una tradición difícil de traducir en palabras.


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