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Un municipio activo

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Histórica, turística y marinera, la villa de A Guarda es testigo de la desembocadura del Padre de los ríos gallegos: el Miño.

El antiguo concello de Foz del Miño, que hoy conocemos como A Guarda, se asienta entre el Atlántico más bravo, un Miño en calma que esmalta sus tierras y el fértil valle que bañan pequeños ríos nacidos en los montes libres de A Valga.

 
Éste es un municipio histórico, turístico y marinero, que se sitúa frente a la portuguesa Camiña, en el extremo suroccidental de la provincia de Pontevedra. Este territorio mide tan solo 20 kilómetros cuadrados y se divide en tres parroquias: Santa María de A Guarda, su gran centro urbano, Salcidos y Camposancos. En ellas habitan diez mil personas, lo que lo convierte en uno de los ayuntamientos gallegos de mayor densidad de población, con una evolución demográfica positiva, desde los años setenta. Los montes de Torroso y Santa Tecla, ambos de más de 350 metros de altitud, son sus miradores naturales: desde ellos aparece el paisaje guardés pletórico de luz y de frescura. El Tecla, que merece capítulo aparte, es el signo de las más antiguas civilizaciones y demuestra un continuo poblamiento. Pero también en el medioevo encontramos brillantes páginas de la historia guardesa: Algunas las escribieron Suero Núñez de Parada y el emblemático Pedro Álvarez de Soutomaior, más conocido como Pedro Madruga. Ambos ejercieron su poder y tomaron parte en las contiendas con Portugal del siglo XVII. De ellas fue testigo una atalaya que protegía el pueblo desde la orilla. Ahora, una réplica de aquella, servirá para albergar el museo del mar. También la fortaleza militar de Santa Cruz fue protagonista de muchas de aquellas batallas. Hoy solamente quedan en pie el recinto amurallado, un almacén de pólvora y cuatro baluartes. El resto es una selva maravillosa que se extiende a lo largo de nueve hectáreas. La finca acaba de ser vendida a una inmobiliaria que tendrá que ceder una parte muy importante del terreno al ayuntamiento. A cambio se le permitirá construir dos torres de apartamentos en el terreno que queda fuera del recinto amurallado. Camposancos también vivió algunas páginas de la historia de España que nadie quisiera recordar. El antiguo colegio de los Jesuitas, fue la semilla de las actuales universidades de Deusto y Comillas y se convirtió en campo de prisioneros durante la guerra civil española. Muchos de ellos fueron fusilados en el campo de A Sangriña, en donde hoy el horror se ha cubierto con la promesa de un futuro mejor para los que van llegando. Mientras, en el cementerio de A Guarda aquel dolor sigue presente sobre la lápida que corona la fosa común en la que fueron enterrados los mártires. En Camposancos hace tiempo que nadie se acuerda de eso. Los carpinteros de ribera se dedican a convertir el pasado en algo bello, todavía bastante útil y también construyen por encargo réplicas de embarcaciones históricas.
Salcidos es una de las zonas más agrícolas del municipio aunque, al pié de la carretera que va de A Guarda a Tui, se asientan también grandes superficies comerciales y la fábrica de cerámica más importante de Galicia: RC2 LOMBA. En esta planta cien trabajadores se encargan a diario de que cada pieza sea perfecta. Trabajan con alta tecnología y fabrican bolas para hidrocarburos, soportes para cocción, componentes para hornos y piezas especiales destinadas a los mercados cerámico y electrónico. Investigan para perfeccionar la pieza y encontrar nuevos usos y consiguen exportar un 75 por ciento de su producción a 59 países de los cinco continentes. En Salcidos hay bellas muestras de la arquitectura religiosa: la Iglesia de San Roque, con líneas neogóticas y un interesante atrio con cruceiro. Aunque para cruceiro, el Pinto, que data de 1746, en el barrio de la Cruz de esta misma parroquia. La Iglesia Parroquial de Salcidos es una de las más antiguas, fue construida en el año 1530. A Guarda, pese a su desarrollo turístico, comercial y pesquero, mantiene vivo un tejido empresarial y socioeconómico en el que cooperativas de hortofloricultura tienen mucho que decir. Hay un invenadero construido hace dos años unos belgas con la última tecnología para engañar a las flores. Está completamente climatizado. Luz, calor, agua, sulfato, todo se hace de forma automática y programada. De momento es el primero de Galicia que trabaja de esta forma y también el único en donde encontraremos margaritas en esta época.


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