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Tui, la Colina de Piedra

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Hagan turismo con nosotros conociendo la catedral de Tui y su precioso conjunto histórico monumental.

La catedral de Tui guarda el rico pasado artístico de la ciudad y es una atracción turística de primer orden. Pero Tui es mucho más que su catedral. Es la Colina de Piedra, una villa medieval con sus casas, iglesias, conventos y palacios apiñados en torno a la catedral

 
La catedral de Tui guarda en su interior auténticas obras de arte, entre ellas dos órganos barrocos con soberbias cajas de madera policromada. Desde hace tres siglos los acordes de sus caños ascienden por las naves del templo. Quizás sean los órganos más antiguos que se conservan en Galicia. Tocar el órgano mayor es como dirigir una gran orquesta barroca, con clarines, cornetas reales, timbales. Tiene dos ruedas de cascabeles, pájaros y gaitas.
En Tui la catedral reina, preside, vigila. Tras su severa fachada de fortaleza esconde un tesoro artístico: el pórtico, el primero en estilo gótico que se realizó en la Península.
La catedral de Tui es una atracción turística. Guarda el rico pasado artístico de la ciudad. Cada año miles de personas visitan el templo para recorrer sus naves, admirar sus retablos y pasear por su claustro, otra joya del gótico gallego. Bajo sus arcos se exhiben escudos, sarcófagos, lápidas y capiteles: la historia de Tui en piedra labrada. Es el único claustro gótico conservado en las catedrales gallegas. En el claustro están las escaleras que sube a la torre de los Soutomaior. Desde aquí se tiene una de las mejores vistas del Baixo Miño: la extensa vega portuguesa con sus cultivos de kiwi, maiz y viñedos, y la ciudad amurallada de Valença, declarada patrimonio nacional portugués. Valença está a un de tiro de cañón de Tui, como recuerda el guía de la catedral.
Tui es mucho más que su catedral. Es la Colina de Piedra: Una villa medieval con sus casas, iglesias, conventos y palacios apiñados en torno a la catedral. Todo concentrado en un espacio reducido. Se conservan restos de las murallas levantadas para su defensa. Y es que Tui ha sufrido mas invasiones y ocupaciones que ninguna otra ciudad gallega. El antiguo recinto amurallado está declarado conjunto histórico-artístico. Los turistas suben y bajan los escalones de la Rúa do Ouro para pasar bajo el túnel de las Encerradadas. En la Rúa das Monxas está el convento de las Clarisas, de estricta clausura. Hoy solo quedan seis monjas "encerradas", con su pequeña repostería casera. Las conversaciones se hacen a través del torno. Desde que se fundó el conventó hace 500 años, las monjas elaboran los pececitos almendrados. También hacen tartas de almendras y bizcochos por encargo.
Todas las calles de Tui llevan a la catedral. El casco histórico, sin tráfico, es ideal para pasear por sus callejones escalonados, que bajan hasta el río como ramblas; para perderse por su laberinto de rúas enlosadas y de túneles. La rúa Soidade, la Canella de Tide, con aires de corredoira, o la calle Entrefornos con casas hidalgas que miran al río desde sus galerías. En cada esquina, el viejo Tui reserva sorpresas: la fachada "manuelina" de la capilla de San Telmo. Es el único edificio del barroco portugués a este lado del Miño.
La antigua ciudad episcopal se refleja en el ancho Miño. Estamos a 23 kilómetros de la desembocadura, pero el influjo de las mareas llega hasta Tui. Este tramo es navegable. La empresa Aquamiño ofrece paseos en barco con patrón y guía. Este servicio funciona hasta noviembre. En el puerto del Club de Piragüismo se puede alquilar el deslizador para realizar excursiones. Es la mejor forma de descubrir este tramo del río incluido en la Red Natura 2000 por sus valores naturales y paisajísticos. La excursión pasa por el puente internacional inaugurado en 1884. Fue construido por una empresa belga que empleó 1.500 toneladas de hierro. Desde el deslizador se tiene otra visión de este puente de 127 metros de largo. Fue diseñado para el paso de peatones, coches y trenes. Ahora se está reforzando para el tren de alta velocidad. Tui es una ciudad fronteriza. La aduana desapareció en 1995, pero aún conserva ese carácter de lugar de paso, de nudo de comunicaciones entre Galicia y Portugal. El camino más corto para ir a Valença sigue pasando por el viejo puente de hierro.




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