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Otoño en la Terra de Montes. La Sierra del Candán

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Por los Montes de O Candán cruzaban, hace siglos las rutas de los arrieiros que llevaban vino desde O Ribeiro a Compostela.

El perfil de los montes del Candán es el que marca esta vez la línea del cielo; y los aires de esta Tierra de Montes nos traen el recuerdo de miles de ausencias.

 
Porque hace un tiempo, no soplaban buenos vientos en las aldeas próximas, los territorios amados, que aún conservan el mismo interés natural y etnográfico de hace al menos un ciento de años.
Quizá sea el otoño la estación adecuada para despertar el sentir poético de estas montañas, donde nacen tres ríos mayores: el Umia y el Lérez que buscan por si mismos el Atlántico; y el Deza, que termina su vida alimentando al Ulla. En su discurrir por senderos de agua próximos a los caminos de los arrieiros, los ríos del Candán se beben la belleza de una perspectiva inigualable. Los ríos de esta sierra remueven el paisaje en rápido descenso tras la hermosa fervenza, para dibujar valles de alma verde y crear lagunas sagradas, que son templo de aves capaces de volar miles de kilómetros de invierno a verano. Y aunque posee el Candán sombras de viejas acrópolis, que habitaron las primitivas tribus galaicas, asombra más al caminante el monasterio medieval, un lujo recuperado por la modernidad hotelera. Este es el punto de partida para recobrar el matiz del bosque de ladera, donde admirar de nuevo la geometría de los carballos, castiñeiros y abedules, antes de alcanzar la línea del cielo que hoy procuramos.


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