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El monte Breamo

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Pontedeume y Breamo, villa y monte son vidas paralelas.

En la falda de la colina del monte Breamo, de algo más de trescientos metros de altura se encuentra el Pontedeume urbano. El monte lo cobija y protege, ahora como antes.

 
Breamo es una joya natural que esconde secretos en su cumbre. Para alcanzarlos, lo mejor es seguir una ruta de senderismo que parte de la iglesia de Santiago. Desde aquí todo es ascensión, a veces por intrincados caminos rematados en escaleras, como las del “monumento”, una denominación que no esconde su dificultad. Fiel a su condición de guardián, Breamo es un impresionante mirador que nos regala la mejor postal de Pontedeume y la desembocadura del río, en una perspectiva inédita y sólo posible desde él. Por suerte, todos la podemos disfrutar, pero hay quien tiene la fortuna de convivir con ella a diario. Arriba, coronando el monte y como premio aguarda la iglesia de San Miguel, una auténtica y muchas veces desconocida joya del románico gallego. Muchas leyendas circulan alrededor del carácter sagrado del monte, en una mezcla de ritos paganos y cultos de la cristiandad tan frecuentes en tantos otros montes gallegos. Hoy sigue vigente la tradición de dar vueltas alrededor del templo, siempre en número impar, con la esperanza de que se cumpla aquello que pedimos. La iglesia que hoy conocemos data de la segunda mitad del siglo XII, cuando era cabeza de un pequeño monasterio de agustinos que se mantuvo hasta el siglo XVII, después pasó a ser ermita a cargo de la parroquia de Vilar. La reforma de 1972 conservó el aspecto original de fortaleza con escasa ornamentación y rematada por tres ábsides semicirculares. En su interior podemos apreciar una de las bóvedas de crucería cuatripartitas más antiguas del románico gallego en su transición ya hacia el gótico. Los arcos de medio punto se apoyan en capiteles decorados con figuras vegetales, animales y humanas. Figuras que se repiten en las basas, donde nos llaman la atención unos rostros, femenino y masculino. En el altar del ábside norte, que conserva un rosetón original, luce aún la talla de San Miguel, juez pesando almas, también encontrado en la iglesia. Pero lo que más ha llamado la atención de los especialistas es el altar del ábside sur, ahora consagrado a San Juan Evangelista, y en el que se aprecian, en un capitel, escenas de caza y, en una basa, el oso-jabalí, emblema de la Casa de Andrade. El ambiente de recogimiento y su sencillez han cautivado a los eumeses, ya que cada vez más personas celebran aquí bodas y bautizos. Como se celebra, dos veces al año, por cierto, la romería de San Miguel, en el atrio de la iglesia y en el área recreativa adyacente, un estupendo parque. En nuestro descenso, Breamo aún nos reserva un nuevo regalo: Una postal maravillosa de mar abierto donde, afinando, podemos distinguir la coruñesa Torre de Hércules, que reafirma así la leyenda de este monte sagrado.


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