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Arquitectura en el Parque de Corrubedo

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La nueva arquitectura convive respetuosamente con uno de los lugares más espectaculares de Galicia, el Parque Natural de Corrubedo.

Las viviendas de Manuel Gallego, Santiago Seara y David Chipperfield son ejemplos de excelente construcción unida a un llamativo diseño, que adquieren sentido absoluto por estar donde están.

 
Dice la leyenda que el caballero Roldán pidió una hora más de luz para concluir su batalla. Gracias a él hoy nosotros la disfrutamos. Así, paseamos Corrubedo como tantas otras veces, pero con mirada distinta. Nos emborrachamos de sal atlántica en sus orillas marinas, pero recorremos también otros rincones de este parque natural que otros han convertido en su escondite. Quien lo visita lo mantiene en la retina de por vida y en la memoria hasta lo que esta alcance. Y eso es lo que ocurrió. Su poder de atracción hipnotizó a un grupo de privilegiados que construyeron aquí su refugio particular. En un entorno espectacular e insólito se sitúa uno de los centros de arquitectura contemporánea de Galicia. La luz de nuevo es la culpable, ha seducido a los magos de las formas que buscaron el modo de integrarse y casi formar parte del parque.
En un pueblo de poco más de 1000 habitantes se sitúa una reserva arquitectónica de elevado interés. Las viviendas de Manuel Gallego, Santiago Seara y David Chipperfield son ejemplos de excelente construcción unida a un llamativo diseño, que adquieren sentido absoluto por estar donde están. Otros arquitectos situaron su refugio en Corrubedo, aunque no con proyectos propios.
Estanislao Pérez Pita, Alejandro de la Sota o Emilio Fonseca no quisieron perder la oportunidad de conocer el paraíso del que les hablaba Gallego.
Manuel Gallego Jorreto, premio nacional de arquitectura en 1997, fue el pionero en esta diáspora de artistas, y uno de los mayores defensores de la declaración de parque natural. Conoció Corrubedo de forma casual, pero enseguida sintió la fascinación del parque y volvió. Lejos de razones más espirituales él simplemente lo atribuye a la casualidad. El construyó su casa hace más de 30 años, deslumbrado por la luz, el paisaje y la personalidad. Su filosofía de trabajo destaca por el respeto, conocimiento e integración de sus obras en el entorno en el que las sitúa. Es una edificación que da la espalda al viento, que se camufla entre el parque como una duna más, pero que se eleva para cumplir una función primordial, mirar el horizonte. Detrás de él vinieron otros colegas atraídos por el magnetismo de la zona y en gran parte, contagiados de un entusiasmo, que él llama casualidad. Junto a la suya, la vivienda de Santiago Seara, integrada en esa realidad, buscando las vistas, evitando las agresiones climáticas y mirando siempre al mar. Ambas construcciones se levantaron antes de la declaración de parque nacional, y, en el caso de Manuel Gallego y hoy en día forman parte de él, por eso se pueden considerar casi una zona de arquitectura protegida. El refugio que eligió Estanislao Pérez Pita tiene la estructura de las casas de la zona, con un mirador que la hace diferente. Alejandro de la Sota alquilaba esta casa pegada a la playa, hoy ya es propiedad de su hijo. El británico Chipperfield, descubrió el paraíso atlántico gracias también a Manuel Gallego. Situó su vivienda en el centro del pueblo, camuflada entre las demás, pero con una característica que la diferencia, no da la espalda al mar, sino que explota las vistas y orienta el interior hacia el exterior. Aún así no resalta la diferencia, sino que se acopla a su entorno de casas agolpadas de los años 60. Ellos son los privilegiados, pero comparten esa fascinación con otros colegas que imaginan Corrubedo con los ojos entornados y los pies descalzos. Oscar López Alba diseñó para su proyecto de fin de carrera un centro de educación medioambiental. A partir de las antiguas fábricas de salazón situadas al lado del mar, de los que ahora tan solo quedan los muros, trabajó en una idea de edificio, como él dice, enfrentado poéticamente al horizonte. Escala seductora, horizonte espectacular, actitud vital, búsqueda, soledad, descubrimos que la Galicia singular e intimista se encuentra en Corrubedo.


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