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La Nueva Arquitectura Rural

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El paisaje del rural gallego es una de nuestras señas de identidad.

A las viejas casas, muchas de ellas rehabilitadas, se suman otras de arquitectos jóvenes o de veteranos con ideas revolucionarias.

 
Arquitectura y Galicia son sinónimos. Dicho así, esta sentencia suena un poco exagerada y no nos referimos a los ejemplos clásicos si no a la nueva arquitectura, esa que marca tendencias. Posiblemente muchos de ustedes hayan pensado directamente en el CGAC, el Centro Galego de Arte Contemporánea, en perfecto contraste con el Museo do Pobo Galego y el Parque de Bonaval. Una obra de Álvaro Siza que hoy en día ya es aceptada por la mayoría. Pero no, no hablamos de la arquitectura oficial, ni de edificios institucionales, estamos hablando de las viviendas y vamos aún más lejos, hablamos de la zona rural, aquella que hasta hace una década era ejemplo de la más absoluta libertad arquitectónica. Nosotros no juzgaremos el típico estilo rural gallego, ya lo han hecho otros antes, simplemente era práctico, no se buscaba la belleza, ni el respeto al entorno ni el aprovechamiento de los recursos naturales. Ahora sí, estamos inmersos en una nueva etapa en la que esas casas conviven con otras diseñadas por arquitectos de reciente hornada o bien veteranos con ideas revolucionarias. Esa convivencia ya se estudia e incluso hay libros que la analizan. Es el caso de "25 Casas de Galicia" de Toni García y de "Outras casas, outros hábitos" del mismo autor en colaboración con Yolanda Somoza. Ambos volúmenes son un muestrario de algunas de las joyas arquitectónicas ocultas en pequeñas aldeas y que surgen de la colaboración y complicidad entre artista y cliente. La zona rural ya no es hogar exclusivo de aquellos que se dedican a la agricultura o la ganadería, cada vez más, y no es algo nuevo, es el refugio de otro tipo de profesionales que buscan un entorno natural en el que desconectar de la urbanidad cotidiana pero sin renunciar al gusto por lo puramente estético en acertada combinación con el pragmatismo que, en este caso, pasa por la utilización de todo lo que la naturaleza provee: luz, tranquilidad, sonido. Nombres como los de Xosé Manuel Rosales, Emilio Rodríguez, Xosé Anxo Carreira, Eduardo Berea, Manuel Ángel Jorreto, Alfonso Penela, José Valladares o Carlos Seoane forman parte de esta generación de arquitectos involucrados en una transformación amable pero revolucionaria del rural.
Hoy entramos en dos de esas viviendas que pasaron de ser una idea original en el papel del arquitecto a una realidad hogareña con la ayuda del cliente. El prestigioso Pedro de Llano tuvo que hacer un auténtico tour de force imaginativo para crear este espacio de tres cuerpos basado en un viejo recuerdo, el de dos carromatos gitanos unidos por una lona central que organizaba un espacio de convivencia colectiva. Ubicar este edificio en Bertamiráns, que se ha convertido poco a poco en ciudad dormitorio de Santiago era un riesgo; las urbanizaciones van cercando este lugar que hasta hace bien poco estaba prácticamente aislado. Por eso, la fachada principal está en la parte posterior, orientada hacia el mediodía, y la principal, la que da a la carretera, es la espalda de la vivienda. En el espacio central, la lona gitana, un salón que se comunica de forma directa con el jardín, como si ambos fueran un mismo espacio que apenas se rompe con una piscina que en realidad parece unir los dos espacios laterales. En el interior otra piscina, precedida por un pasillo japonés y donde la calma se apodera de nosotros. La cocina es una estancia práctica pero donde también se transmite tranquilidad gracias a la amplia cristalera que comunica esta pequeña estancia con el resto de la casa en perfecta perspectiva. Y justo desde el otro extremo, la habitación de la niña de la casa, vemos cómo se prepara la comida del día. Si subimos a la terraza del dormitorio de la misma ala podemos disfrutar de una vista general del jardín en el que conviven especies arbóreas de todo el mundo. Complicidad, es la palabra adecuada para definir la perfecta relación entre el propietario y el arquitecto que cristalizó en un espacio abierto, luminoso, lleno de cubos y donde la vista se pierde en la naturaleza.
Vedra es nuestra siguiente parada. Proyecto de José Bermúdez y Lucila Nieto rematado con la intervención directa de sus dos clientas. 283 metros cuadrados de superficie útil. 2 plantas, en la inferior un salón a doble altura abierto al jardín y su luz y en la superior, el cuarto principal y el estudio de trabajo, sin divisiones que coarten la entrada de un paisaje privilegiado de una forma casi poética. La piscina interior es una extensión visual de todo el entorno que se abre al exterior. La casa fue construida con alveoplacas colocadas en vertical de tal forma que se convirtieron en las paredes sobre las que se apoyan las alveoplacas de los pisos y del techo. Gracias a eso, el aislamiento es total y el uso de la calefacción no es abusivo. Son sólo dos ejemplos de combinación perfecta entre un proyecto arquitectónico atrevido, en perfecta armonía con el paisaje, práctico hasta puntos inauditos y estéticamente irreprochable.


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