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La Tierra de los Andrade

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Al pie del mar de los ártabros hemos dado con el origen.

En Punta Carboeira y en Centroña se han encontrado restos que hablan de una cultura muy antigua. Lástima que solo se conserven pequeños vestigios y que para verlos haya que salir de Pontedeume.

 
Se guardan dentro de los gruesos muros del castillo de San Antón. Sobre este curioso cuadrifaz de piedra se ha divagado mucho. Aunque para algunos la pieza más importante es un torques de tipo ártabro encontrado Centroña. En 1950 las tareas del campo pusieron al descubierto un trozo de vieira que pudo ser parte de una fuente. A partir de ahí las excavaciones dirigidas por Luengo Martínez desvelaron que en Centroña había existido una gran construcción destruida por el mar, quizás una villa romana o puede que un templo, en cualquier caso un edificio datado en siglo IV y decorado con mosaico. Este descubrimiento ha llevado a algunos historiadores a situar en Pontedeume la antigua ciudad romana de Pontumio, donde Froila consiguió derrotar a Omar y apartar para siempre a los árabes de Galicia. Pero la historia documentada empieza en la Navidad de 1270, cuando Alfonso X autoriza a los vecinos de la comarca a construir una ciudad con gobierno autónomo, dependiente únicamente del rey. Y así fue hasta el año 1371, cuando Enrique II de Trastámara concedió el Señorío de la Villa a Fernando Pérez de Andrade “El Bueno”, en pago por su colaboración en la lucha contra su hermano Pedro de Trastámara. Los Andrade aumentaron sus dominios por la fuerza. Desde la fortaleza de pena Leboreira controlaban su vasto territorio que alcanzaba Ferrol, Vilalba y Betanzos. La crueldad de esta familia y los abrumadores impuestos a los que sometía a sus súbditos motivaron revueltas irmandiñas contra Nuño Freire de Andrade. Siendo él señor de Pontedeume, Roxín Roxal, uno de sus siervos, robó el amor de doña Teresa, hija de don Nuno, un amor que iba en contra de las costumbres de las buenas familias. La nobleza no admitía interferencias de clase. Don Nuno impuso a su hija otro marido que sí sumaba condiciones de linaje: don Enrique de Osorio. La joven contrajo matrimonio contra su voluntad y Roxín Roxal que llevaba siempre consigo el puñal que en cierta ocasión le había regalado su señor don Nuno, vivía de mal grado la renuncia a aquel amor. Un día paseando el amañado matrimonio por el puente de Paderne, un jabalí les asaltó enfurecido. La cobardía de Osorio dejó a doña Terresa muerta entre las garras del puerco bravo. A los pocos días, en ese mismo lugar, apareció muerto el jabalí con una daga en la garganta. Era el puñal de Roxín Roxal. Los matrimonios de conveniencia continuaron marcando el destino de los Andrade. Primero se unieron a los de Lemos y a continuación fue la Casa de Lemos la que se emparentó con la de Alba. De esta forma, los Martínez de Irujo son hoy los herederos legales del patrimonio de Pontedeume.


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