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Monasterio de Oseira

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Oseira es un lugar retirado, escondido entre los montes del interior de Galicia.

Les invitamos a convivir con los monjes en la Hospedería de Oseira.

 
En lo más profundo del valle se levanta la mole del monasterio que parece desafiar el paso del tiempo. En ocho siglos, ha sobrevivido a un incendio, a la desamortización y expulsión de los monjes, a expolios…..Hoy la abadía se hace demasiado grande para los dieciséis monjes cistercienses que viven entre sus muros, orando y trabajando. Las puertas del monasterio están abiertas.
Fray Alfonso es el hospedero de la abadía. Este sevillano, de 62 años, se hizo monje en Oseira. Ingresó hace cuatro años tras una vida como enfermero. Fray Alfonso nos conduce por los claustros silenciosos y en penumbra. No hay que hacer ruido al caminar, y hablar siempre en voz baja para no perturbar el gran silencio de los monjes.
La hospedería está en el tercer claustro. Las antiguas celdas son ahora cómodas habitaciones para los huéspedes que vienen a Oseira en busca de soledad y silencio. La hospedería dispone de catorce habitaciones. La estancia es de un máximo de una semana. Los monjes viven en los antiguos dormitorios de ancianos y enfermos, un edificio del siglo XVII. Para acceder al solárium hay que pasar por el refectorio monumental. Esta solana abierta al valle del Oseira, de estilo pacego, invita a la contemplación. Por el claustro de las procesiones pasea el padre Damián que fue bibliotecario del monasterio. A sus 96 años no falta al oficio de maitines. La biblioteca rococó, de madera de castaño, se salvó de milagro de los expolios. Aquí pasa las horas fray Miguel, uno de los hermanos más jóvenes. Este valenciano de 32 años hace seis meses que vino a reforzar la comunidad. Fray Miguel, licenciado en historia, es un apasionado de la caligrafía gótica, de los manuscritos y los libros iluminados. Fray Miguel está realizando una copia manuscrita de las reglas de San Benito para el uso de los monjes. En letras góticas. Un trabajo de amanuense. Los monjes entran en silencio en el coro para el oficio de sexta. Suenan los latines del canto gregoriano, las antífonas.
La jornada de un monje empieza a las cuatro de la mañana con los oficios de maitines y laudes. Los hermanos van siete veces al coro, incluida las vigilias. Oración y trabajo es la divisa de todo monje cisterciense. Y cada monasterio tiene una actividad secundaria y secular. Son los hermanos más jóvenes los que se ocupan de las labores agrícolas del monasterio. Pascual Abalo es el único gallego en la abadía. Entró en Oseira hace 17 años tras estudiar filología. Es el encargado de la huerta del monasterio. Entre lechugas, tomates y lombardas, los monjes cultivan plantas aromáticas que se emplean para elaborar el eucaliptine, el licor de la abadía.La licorería està instalada en las caballerizas del XVIII. Fray Armando es el maestro licorero y conoce la fórmula secreta que transmitieron medio siglo atrás los trapenses romanos de Tre Fontane a los orensanos de Oseira. Este albañil portugués hizo su noviciado en Oseira donde ingresó hace cuatro años y medio. La abadía elabora tres mil botellas de este licor bendito. El hermano Luis es uno de los monjes más activos de la pequeña comunidad: atiende a los peregrinos, guía a los visitantes, y saca tiempo para pintar iconos de estilo ortodoxo, vidas de santos, retratos de abades, escenas de la Pasión. Este madrileño, que antes de profesar era escapartista y diseñador de moda, lleva 38 años en Oseira. Descubrió el monasterio durante un viaje de turismo y fue una revelación. En este tiempo aprendió a hablar gallego. Desde el claustro de la hospedería se contempla el cementerio de los monjes. Es un lugar de significación especial para la pequeña comunidad. La vida monástica, al fin y al cabo, es una preparación para la muerte. En el pequeño cementerio están enterrados los monjes que participaron en la refundación de la abadía de Oseira tras un siglo de abandono. La tumba más antigua data de 1929. Veinte cruces de piedra, sencillas, con un nombre y una fecha. Sobre cada tumba crece un seto de boj, recortado en forma de cruz. El boj es símbolo de vida eterna.


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