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El río y la ría

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Las fragas del Eume están consideradas como uno de los bosques atlánticos más importantes de Europa.

Cuando al amanecer la niebla se enreda entre los pinos lleva debajo un río. El Eume respira y cubre de aliento todo el valle.

 
Las peñas más escarpadas son territorio de las cabras montesas. Las laderas y las cumbres el pasto libre de vacas y caballos que disfrutan de todo lo que nosotros ansiamos. En la cima de Los Cerqueiros, dentro del ayuntamiento de Monfero, se abre una vista que muy poca gente conoce. Sosiego absoluto. El Eume discurre como uno de los grandes. Cuando llega al Cañón del Eume se encajona y juega al despiste. Le gusta perderse de vista de vez en cuando para charlar a solas con los pequeños regatos. El Sesín le trae historias que pasan bajo molinos y aventuras de una cascada que libra cada día con astucias diferentes. Con tranquilidad y pausadamente el Eume recorre el valle sin que apenas nos demos cuenta. Pasa sin prisas porque hay mucho que ver. Estamos en un Parque natural que se extiende a lo largo de 9 mil hectáreas. Las fragas del Eume están consideradas como uno de los bosques atlánticos más importantes de Europa. La riqueza es infinita. Hay 23 especies árboreas diferentes, 100 especies de hongos, 250 de helechos y casi otras tantas de líquenes. Un buen número de ellas están amenazadas, son raras o endémicas. Lo mismo ocurre con la fauna. Con suerte y sigilo quizás veamos al ciervo, al corzo o al jabalí. Será más improbable dar con la salamandra rabilonga o con uno de esos caracoles del terciario que aún viven por aquí. Estamos atravesando tierras de A Capela, un buen lugar para comenzar cualquier ruta. La nuestra sigue río abajo hasta Pontedeume. La parroquia de Ombre es la entrada natural al parque. Para nosotros la salida. Muy pronto veremos en este lugar un centro de interpretación del Eume. Hemos llegado al estuario. Aquí la fauna no se hace de rogar. Patos y garcetas se bañan con parsimonia mientras bajo el agua pasan enormes lubinas que alegraban las jornadas de pesca antes de que se prohibiera la captura en esta zona. El Eume comienza a abrirse paso hacia la ría. Cruza los puentes. Primero el de la autopista, luego el de Andrade y por último el del ferrocarril. Por el camino ya ha saludado a los viandantes del paseo marítimo, a las barquichuelas desperdigadas por el estuario y también a las embarcaciones de pesca y de recreo amarradas en el puerto. La llamada del mar es poderosa. El Eume cede sus aguas encantado de pertenecer ahora a la hermosa ría de Ares. Sus aguas mezcladas con las del Atlántico acarician la orilla de la playa. Muy pronto llegarán de nuevo los baños de sol, los chapuzones y los deportes náuticos en Cabanas y Perbes, una playa muy popular que Pontedeume comparte con Miño. En medio quedan las calas de Centroña, Ber, la nudista Carboeira y los acantilados de la Insua. Una visión insólita que no necesita esperar al verano para lucir su belleza salvaje.


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