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De Bandeira a Carboeiro

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Bandeira es el segundo núcleo urbano en importancia del ayuntamiento de Silleda.

Bandeira es una población famosa sobre todo por su Fiesta de la Empanada, el tercer sábado de agosto.

 
En la Carballeira da Silva, ya casi más conocida como “A Carballeira das Empanadas”, cada año, desde 1974, concursan cientos de recetas a cada cual más pintoresca. El objetivo es, claro está, alzarse con el triunfo y asegurarse un buen puesto para la puja, una peculiar subasta previa a lo que todos esperamos, la degustación y la fiesta.
Bandeira es además paso obligado para descubrir maravillas ocultas en el paisaje. Una de ellas es la espectacular fervenza del río Toxa, la otra, es el monasterio de Carboeiro, enclavado en la ribera del Deza y amparado por el Coto Costoia desde su fundación en el siglo X. Carboeiro está reconocido como joya del románico-ojival gallego. Una categoría que han apuntado personalidades relevantes de nuestra cultura, como Álvaro Cunqueiro y Antonio López Ferreiro. Nadie puede escapar a su encanto, y para rescatarlo de las garras del abandono y el olvido, en 1973 se fundó la Asociación de Amigos del Monasterio de Carboeiro, con integrantes ilustres como Xosé Filgueira Valverde, Hipólito de Sá y Manuel Colmeiro, entre otros enamorados de lo que entonces eran unas ruinas comidas por el tiempo y la ignorancia. Parece un milagro que hayan llegado hasta nosotros las figuras de la puerta principal, salvo las que se encuentran en un museo barcelonés, y que delatan la mano del Maestro Mateo, artífice de la Catedral compostelana, por obra de sus discípulos. Por fortuna, el interior conserva toda la majestad de una abadía que gobernó buena parte de las tierras del Deza y con dominios más allá de la comarca. Y, por fortuna igualmente, se aprecian los trabajos, lentos y costosos, de su restauración iniciada en los años 70. Pero aún así, sin más, el templo exhibe orgulloso sus tesoros: magníficos capiteles profusamente adornados coronando columnas robustas, tres capillas absidales en la girola y dos capillas circulares, una a cada lado del crucero. Puede todavía contemplar su obra el abad don Fernando, desde su lauda, uno de los personajes más singulares de la historia de Carboeiro. Continúan los empeños por dar lustre al conjunto monumental, ahora con la intención de convertir la Casa Rectoral en aula para la interpretación del monasterio y del entorno natural. Porque a los pies de Carboeiro discurre uno de los rincones más bellos en el sendero del río Deza. Área recreativa, coto de pesca y refugio para una gran variedad de especies animales y vegetales autóctonas. Y sobre el río, el puente conocido como “a ponte do Demo”, una muestra del saber hacer de los maestros canteros gallegos. Es del siglo XVIII aunque ha sido reformado en varias ocasiones. Está en el camino de una calzada romana, en otros tiempos, el principal acceso a la recóndita abadía. Seguro que todos pensamos lo mismo, que es el lugar ideal para vivir, ahora como hace mil años.


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