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En el umbral del verano

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El objetivo de nuestro viaje es llegar a los acantilados más altos de Europa.

Hemos llegado a Burela partiendo desde Ribadeo, y nos vamos siguiendo la misma dirección este oeste. Contemplamos desde Burela Os Farallóns en tiempos viveros de percebes.

 
Pero antes de volver nuestros ojos azules de ver tanto mar y tan hermoso, hacemos una parada en la fábrica de Sargadelos. Compensa la visita por lo que allí se fabrica, cómo y por el entorno. Además de por la triste historia de su genial creador Antonio Raimundo Ibañez, asesinado por los que temían el poder de su fábrica que hacía sombra a ingleses y franceses. Seguro que las nobles piedras de Viveiro también han vivido importantes episodios históricos. Para que continúe siendo una de las escasas villas de cuidada arquitectura, han mejorado sus paseos y sus accesos, y ha ganado mucho. También es marinera esta villa, la mejor prueba está a primera hora de la mañana en su apasionante lonja. Los puertos de esta zona nos recuerdan al que acabamos de dejar atrás, el de Burela. Protegidos, con actividad frenética y rostros envejecidos por la sal. Dejamos atrás el magnífico paisaje del río Landro para llegar al que dibuja el río Sor y para sorprendernos de los caprichos de la naturaleza y contemplar en la distancia la isla de la Coelleira. Esta isla, ahora imposible de visitar, estuvo habitada por templarios, mucho después por el farero y agricultores y hoy en día por aves migratorias. Para conocer el punto exacto donde se enfrentan el mar Cantábrico al Atlántico hay que acercarse hasta Mañón. Hemos llegado a la madre de las rías gallegas, un fenómeno ya de por sí hermoso. Desde Estaca de Bares la punta más septentrional de Europa nos avasalla el espectáculo. Tan sólo existe el fenómeno geológico de la ría en Irlanda, Bretaña y sur de Chile, y seguro que esta es de insuperable belleza. El otro vértice es Cabo Ortegal, y enfrente de este Os Aguillóns. La vista es sobrecogedora y también debió resultárselo a Ptolomeo que le llamó a estas tierras Lapatiancorum o Trileuco que significa tres blancos. Claramente en referencia a Os Aguillóns donde situó el lugar de morada de los lapatiancos. Estos majestuosos acantilados en el mar son un verdadero paraíso geológico ya que sus materiales proceden de las profundidades oceánicas. Nuestra última parada antes de acabar este apasionante viaje, es Vixía Herbeira, sobre 620 metros encima del mar. El viento nos azota, y el hombre ya le ha conseguido sacar un provecho a la fuerza de este aire.


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