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La Costa Dorada

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Un viaje por el mar de Sanxenxo, la capital del verano gallego

Abandonamos el puerto de Sanxenxo y comenzamos nuestra travesía por esta ría siguiendo la ruta que nos ha marcado el patrón.

 
Navegando entre bateas, llegamos Raxó, la primera población marinera que aparece tras el litoral de Sanxenxo. Sin mar de fondo y con buen calado no será difícil acercarse hasta Combarro. Esta es probablemente la postal más hermosa de la costa y su belleza nos parecerá todavía mayor cuando lleguemos al fondo de la ría y nos encontremos con la desembocadura del Lérez y con una visión de celulosas mucho menos poética. La Isla de Tambo nos rescata de pronto con un rosario de leyendas que despiertan nuestra curiosidad. Pero no conviene acercarse demasiado porque la isla está bajo jurisdicción de la Armada y los militares ejercitan su puntería en una diana fondeada en la costa. Estamos en el ombligo de la ría de Pontevedra, atravesando el puerto y la escuela naval de Marín. Recorreremos la costa pasando por las playas de Mogor, Aguete, Loira y Lapamán y justo antes de llegar a Bueu nos adentraremos en la ría en busca de las Ons. El mar de fondo nos lo pone difícil. No podremos acercarnos demasiado a la Lanzada pero nadie nos privará de un delicioso paseo por las playas de Sanxenxo. Pociñas, Montalvo, Paxariñas y Canelas ya casi no recuerdan a los piratas vikingos, normandos y moriscos que surcaron estas mismas aguas e incluso llegaron a establecer bases en la isla de Ons. Con barcos ligeros y de fácil maniobra, los corsarios atracaban de noche, varando en estas playas y maniobrando entre las peñas de Punta Faxilda y Punta Cabicastro. Uno de ellos fue Almanzor y cuenta la leyenda que los gallegos debían entregarle cien doncellas cada año para que liberase a sus rehenes. A todo este desbarajuste le puso fin Gelmírez. Con él la ría recobró la tranquilidad. Con esa misma placidez hemos llegado nosotros a Portonovo para echar un vistazo a su puerto pesquero y enterarnos de que pronto tendrá también un puerto deportivo. La playa de Baltar nos acerca al final del trayecto. Sólo nos falta atravesar la multitudinaria Silgar y hacerle una visita a la Madama. Terminamos la travesía en el punto donde la empezamos, atracando en un lugar que es el sueño de cualquiera que posea una embarcación deportiva. Les hablamos de un puerto con un ancho e bocana de cien metros, perfectamente balizado y señalizado que cuenta con 700 plazas de amarre y cuatro mil metros cuadrados de varadero con servicios de travelift, grúa móvil, combustible, reparación, un pantalán de espera de 200 metros, tomas individuales de agua y electricidad, vestuarios, duchas, aparcamiento y vigilancia las 24 horas. La naturaleza le ha concedido a este pueblo marinero el privilegio de contar con condiciones climáticas y marítimas ideales para navegar, la mano del hombre ha hecho el resto. Sólo falta concluir el proyecto que convertirá estas instalaciones en un centro comercial de alto standing. La obra acaba de pasar a manos del ayuntamiento y dentro de muy poco tiempo Sanxenxo contará con una zona de restaurantes, tiendas náuticas y de regalos, boutiques internacionales, cafeterías y pubs. Una atractiva oferta lúdica que puede ser la catapulta definitiva del turismo de invierno.


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