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El Valle del Salnés

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Un día nublado o conseguir vencer la tentación de la playa son las excusas ideales para visitar el valle del Salnés.

En esta comarca del Salnés, de sencilla belleza trazaremos rutas inolvidables en una buena combinación de paisaje y patrimonio histórico y monumental.

 
Visitamos la iglesia de Santa Marina de Adina, del siglo XVI, aunque conserva restos del templo primitivo, del siglo XII. San Pedro de Bordóns, a muy poca distancia del centro urbano de Sanxenxo, nos permite saborear el encanto de las parroquias de interior, y además, es otro mirador de la ría de Pontevedra. Pazos y casas grandes aparecen con frecuencia en el paisaje. Como ejemplos: el de Bermúdez de la Maza en Dorrón, o el de los Pardo en Vilalonga. En esta misma localidad se encuentra el Pazo O Revel, convertido en casa de turismo rural. Desde Revolta, Roxique o Fianteira no olviden la ensenada de O Bao, con vistas a O Grove y la isla de A Toxa. Este margen interior del istmo de A Lanzada pertenece a la Ría de Arousa y es un punto importante de observación de aves. Nos quedamos a este lado de la ría para llegar hasta Cambados. Señorial y marinera a la vez, es una de las perlas de la comarca. Todos sus símbolos merecen la pena: Fefiñáns, la Torre de San Sadurniño y las ruinas de Santa Mariña. Pero cualquier callejuela es apta para perderse. Cambados es el punto de partida para iniciar la ruta del vino. La Denominación de Origen ?Rías Baixas? tiene aquí la cuna de uno de sus mejores hijos: el Albariño. Pero en bodegas como el Pazo de Barrantes comparte protagonismo con el tinto, un caldo híbrido que no pueden dejar de probar. Cambados y Barrantes son las capitales del vino, pero toda la comarca está jalonada de bodegas. En Meaño, por ejemplo, nació la primera agrupación de cosecheros del Salnés, el origen del impulso y la mejora de calidad que hoy gozan nuestros vinos. Desde Ribadumia llegamos fácilmente al Monasterio de Armenteira, del siglo XII. El lugar sin duda es el adecuado para dejarse seducir por el canto de un pájaro, como dice la leyenda, aunque el encantamiento, como le ocurrió a San Ero, dure 200 años. A un paso de tan sobrecogedora belleza, hay un espacio para el ocio. El que dicen que es uno de los mejores campos de golf de España y dirige la Fundación Monte Castrove. Está en el concello de Meis. Ser de propiedad pública y sus tarifas asequibles han contribuido a mitigar el carácter elitista de este deporte. Pero ya es hora de regresar a Sanxenxo, donde aún nos queda por visitar el Pazo de los Duques de Patiño, del siglo XVI, que sobrevive en pleno centro urbano. Y a muy poca distancia tenemos una vista que domina la bahía. Es Aldariz, y en el lugar que señala su famosa fuente se inicia una bonita ruta de senderismo. Nos lleva hasta los carballos de Aldariz, la otra cara de la moneda del Sanxenxo más turístico y bullicioso, porque aún quedan refugios para otra clase de vida además de la playera y otros espacios para disfrutar de esta tierra.


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