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Otra vez los romanos

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Quiroga, cantada por los poetas Anxel Fole y Uxío Novoneyra, es tierra de contrastes, leyendas y tradiciones.

Hace muchos años el nombre de Quiroga era Carioca, un topónimo que hoy se relaciona con queiruga, el nombre que se le da en gallego al brezo común. Por esta tierra de queirugas campearon íberos, griegos, romanos y suevos, dejando sus huellas en la toponimia.

 
La que le vamos a contar a continuación es otra de romanos. Como sucede siempre, en esta historia son de nuevo los malos. Los romanos nos enseñaron a hacer el vino pero se llevaron el oro del Sil. Las pruebas están en Montefurado. Horadaron el Monte Pena do Corvo para desviar el curso natural del río y recoger de su lecho las pepitas. El túnel de Montefurado es uno de los famosos y gigantescos lavaderos de oro que ellos tenían. Atención a las medidas: 400 metros de largo, 19 de ancho y 17 de alto, increíble obra de ingeniería romana del siglo tres que se repitió en 1885 para construir el túnel del ferrocarril y posteriormente el de la nacional 120.
Si nos hemos acercado hasta Montefurado para contemplar de cerca la huella romana o quizá atraídos por las pepitas de oro, no hay por qué desperdiciar el viaje con esta única visita. En A Ermida, sobre los cimientos de una iglesia precristiana, se levantó el santuario de nuestra Señora de los Remedios. Aquí se halló una de las piezas más importantes de la época paleocristiana: el Crismón de Quiroga, tan valioso como para ocupar hoy una de las vitrinas del Museo Provincial de Lugo. Otra joya artística, pero en este caso prerrománica, es la capilla de San Juan del hospital. Forma un hermoso conjunto arquitectónico con Casa-Torre del siglo XII, que entronca con el estilo visigótico. Y en el barroco, destaca la monumental iglesia de Montefurado. Sobresale por sus proporciones y elegancia y también por sus retablos, uno barroco, ricamente policromado y con columnas corintias y otro neoclásico. En Quiroga también hay restos y ruinas de torres y castillos devastados por los irmandiños. En Sequeiros, sobre una cresta rocosa, se alza Torre Novaes, dando fe de que en el siglo XIII Quiroga fue una de las siete encomiendas que la orden militar de San Juan de Malta tenía en Galicia.


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