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Los Espacios Naturales

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Miramos hacia el Norte que aquí es Sierra, buscando las huellas de la vieja estirpe...

Estamos hoy ante el paisaje que inspiró el pensamiento de Eugenio Montes, hijo de la villa de Bande. El mismo Montes que nos enseñó a comprender porqué esta Naturaleza nunca muere.

 
Los montes del Leboreiro nos descubren la mañana de sol tímido, escondido entre la niebla que provoca el mar interior. A lo lejos, cantan los pinos su canción de invierno... reverdecen húmedos los prados... brilla el agua del pequeño mar interior...
El aire fresco de la mañana nos lleva al mirador do Vieiro, que es camino a seguir hacia Bande y también fuente para dar de beber al sediento...
Mas abajo, los ríos, que también beben en estas fuentes, marcan senderos en sus riberas y reciben la especial caricia de la luz invernal.
Recompone el bosque otra vez su paisaje en el Monte Grande, al que llegamos pisando con respeto los caminos, admirando la geometría de los carballos y los castiñeiros desnudos, y redescubriendo las múltiples variaciones del espacio invernal... En el pequeño lago de Iermes, se refleja esta belleza que late en el corazón vegetal de los árboles... La sinfonía del agua que provoca el río Cadós nos invita a visitar Buxán, donde procuramos nuevos signos, la creación de la vida feliz. Este río es el espejo del alma que habita en sus riberas y da forma a las estrellas del mediodía.
Desde A Pombeira, más paisaje de agua: la del gran lago en su horizonte... La de sus arcos de regadío que ya no riegan tierras... La que crea un millón de fantasías en los ojos del caminante.
El cielo limpio de la tarde nos guía hasta Portoquintela, que también es playa en los calurosos veranos de Bande, y aquí, perdemos el sentido del tiempo cuando nos sonríe este pequeño mar de As Conchas. Cuando nuestra mirada se alarga por este espejo de plata, vuelve la memoria a reflejar la esencia de la vida...
Al fondo, escuchamos de nuevo la gaita... y la zanfoña... Es el alma de Faustino Santalices, que escenificó aquí su arte...


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