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Las islas próximas.

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Desde el puerto de O Grove buscamos aguas tranquilas: es el Mar de Arousa

Salimos del puerto de Pedras Negras en San Vicente do Mar con la intención de hacerles desembarcar en las islas más próximas a la costa de O Grove.

 
Atravesamos Area da Cruz, Rairo y A Lanzada, tres playas sublimes para bañarse en sol y mar, que no figuran como escala en nuestra ruta de hoy. Lo que nos espera es aventura. Estamos a punto de emprender un viaje de difícil retorno hacia las islas Ons, no sin antes acercarnos a saludar a Nosa Señora da Lanzada. Ons nos recibe con su cara este, la más amable, abrigada de los fuertes temporales atlánticos y poblada desde la edad del Bronce. Hace millones de años las Ons formaban parte de una cadena montañosa que después se hundió. Sus partes más altas se transformaron en islas, quizás una de las Casitérides, posicionada de forma tan estratégica que muchos invasores intentaron entrar en Galicia desde aquí. Hoy, a Ons se viene en son de paz y descanso. Riadas de turistas siguen visitándola a la espera de que la nueva condición de Parque Nacional cambie el régimen de visitas...de momento luce todavía el antiguo cartel de Parque Natural, los campistas entran y salen en manadas, el espíritu hippy sobrevive en forma de souvenir y las familias se apoderan de la playa de Area dos Cans y Laxe do Crego, incluso también de la de Melide, un mirador utilizado por vouyeurs y nudistas a partes iguales. Hemos llegado a tiempo para las fiestas de San Joaquín. En las terrazas se saborea uno de los pulpos con más fama de Galicia. Se pesca desde las polbeiras, que durante la tarde descansan sobre la arena de la playa de las dornas. La pesca es una de las actividades que mantiene al pueblo cuando los turistas se van y los lugareños pueden disfrutar por fin de la tranquilidad de la isla, siempre que el mar lo permita. Hoy, por ejemplo se ha puesto peligroso y nos obliga a regresar a puerto sin haberles mostrado el castro, la cova da moura, la ensenada de Fedorento y el buraco do Inferno, una excusa perfecta para que ustedes se acerquen a esta isla. Los barcos salen desde Bueu, Marín y Sanxenxo durante todo el verano. Antes de partir definitivamente echaremos un vistazo a la isla de Onza y a sus playas, un edén apetecible y totalmente deshabitado, que también forma parte del archipiélago de las Ons.
Emprendemos un nuevo viaje a la mañana siguiente. Esta vez con rumbo a la isla de Sálvora y los islotes que la rodean. Juntos forman con Ons, Cíes y la isla de Cortegada el Parque Nacional das Illas Atlánticas. Vayan pensando qué tres cosas se llevarían a una isla desierta, porque estamos a punto de alcanzar el Areoso, una playa salvaje en medio del mar, en donde la intimidad estaba garantizada antes del boom del turismo náutico. Unas pocas millas y ya estamos en Sálvora. A este lugar sólo se puede acceder a bordo de una embarcación privada y contando con el permiso del guardián. Pocas cadenas de televisión han conseguido ofrecer imágenes de este paraíso. Aunque geográficamente pertenece a la parroquia de Aguiño, estamos pisando una de las propiedades del Marqués de Revilla y para ofrecerles estas imágenes hemos tenido que granjearnos la confianza de José Caneda, el verdadero usufructuario de esta isla en la que vive desde que tenía ocho años. Habita en uno de los extremos de una construcción que aunque intente parecer un pazo no es más que la reforma de los antiguos salazones, los primeros que se instalaron en la ría allá por 1770. La costa de Sálvora es un gran vivero natural de mariscos bien conocido por los pescadores de esta ría. El farero es uno de los pocos que todavía sigue viviendo en su faro, rodeado de inmensos y enigmáticos bolos de granito y visitado rara vez por turistas que se adentran en estos senderos en busca del poblado antiguo que existió en la parte más abrigada de la isla. Ahora sólo quedan en esta zona caballos salvajes y unos cuantos venados descendientes de una cierva preñada que se trajo aquí hace muchos años. Qué tendrá esta isla para que ingleses y alemanes hayan intentado ocuparla y comprarla en repetidas ocasiones. De dónde habrá salido esta sirena que inspiró a Valle-Inclán una de las divinas locuras del Marqués de Bradomín. Y no fue el único. También recurrió a Sálvora Ramón Cabanillas, en sus sagas de Na noite estrelecida la elevó al rango de los lugares sagrados de los celtas cuando localizó en ella las fantasías de Merlín y los sueños del rey Arturo.


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