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Turismo y Cultura

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Pudiera parecer, por su carácter industrial, que Cerceda carece de interés turístico. Nada más lejos de la realidad.

Recorrer el patrimonio histórico de Cerceda es iniciar un viaje breve pero intenso al pozo de los sueños, para desenterrar con la imaginación la cultura castreña escondida bajo el castro de Virís.

 
Si quieren encontrar una prueba visible tendrán que acercarse al Museo Provincial de Lugo, donde se guarda un espléndido torques de oro hallado en otro castro, cerca de Cerceda y hoy cubierto por edificios. Pero si quieren continuar el viaje histórico y desentrañar su capítulo más interesante tendremos que acercarnos de nuevo al valle de la discordia donde la ironía del destino había fijado en tiempos remotos una iglesia, un pazo y los restos de un castillo. Cuando nuestras cámaras estuvieron aquí por primera vez en el año 95, los vecinos habían conseguido por fin que la administración y los propietarios de la mina se comprometiesen a trasladar piedra a piedra la iglesia, el cementerio y el pazo, olvidándose de los restos del castillo que Juan de Becerra había regalado a Fernán Pérez de Andrade por el casamiento con su hija y que, según la tradición local, constituía una compensación al poco agraciado aspecto de la doncella. Al menos se salvó la iglesia de San Román das Encrobas, el templo más interesante del ayuntamiento desde el punto de vista artístico y arqueológico. La construcción ya había sido remodelada en 1720 por un maestro de obras santiagués, sobre todo en lo que se refiere a la fachada que sólo conservó un pequeño rosetón románico. De esa misma época es también la puerta del muro norte con los cuatro bastones y la cruz esculpidos sobre el dintel. El pazo de Gontón también se trasladó. Hoy luce nuevo aspecto a escasos metros de la mina donde la empresa Limeisa lo aprovecha para sus propias oficinas. El escudo es una copia del original y mantiene las ocho becerras símbolo del linaje de Juan de Becerra, que consta también entre los fundadores de esta otra casa. El Pazo de As Lavandeiras luce sobre el muro enfoscado un escudo con la banda engolada de dragantes de los Andrade. Es el original, como casi todo que encontramos fuera y dentro de este pazo primorosamente restaurado y disfrutado en vacaciones y fines de semana por los tres dueños que se lo reparten. Los jardines..., la fraga..., el hórreo..., y la capilla. Todo permanece intacto, incluso luce más espléndido ahora que en el pasado. Finalizaremos el recorrido que todavía tenemos pendiente, en la iglesia más antigua de Cerceda. Es la de San Martiño de Rodís, también románica aunque con anexos construidos posteriormente. Merece la pena acercarse hasta aquí para echarle un vistazo a la lápida sepulcral datada entre los siglos I y II. Para todo lo demás, utilicen su propio instinto.


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