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Ciudad atractiva y monumental

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Una mirada al pasado.

Ribadeo, esta vieja dama asomada al balcón sobre el Cantábrico, tiene ese aire misterioso que da el mestizaje, entre asturiana y gallega, histórica y monumental, pero también colonial, con oropeles de edificios levantados por indianos y escudos viejos para recordar que los blasones no se compran.

 
Hay que pasear la calle Antonio Otero para conocer la Casa do Patín, donde los alumnos de náutica soñaban epopeyas. Hoy es Casa de Cultura pero en tiempos se formaban aquí los mejores capitanes mercantes de todo el norte. Recorriendo las angostas calles que descienden hasta el puerto, nos encontraremos con el viejo edificio de la Aduana, que poco conserva ya de su pujante pasado comercial. Vigilando Ribadeo, el fuerte de San Damián, principal y estratégica batería de defensa de la ría del Eo que no pudo evitar que las tropas inglesas lo destruyeran en el siglo XVIII. Recientemente se ha rehabilitado como sede de eventos comerciales y culturales igual que se ha hecho con el parque temático organizado en torno al antiguo cargadero de mineral. Por dentro Ribadeo nos sorprende con edificios Art Decó. Modernista, ambiciosa y a la vez señorial, la torre de los hermanos Moreno, con su brillante tejado rojizo es el símbolo de la villa y el recuerdo constante de aquellos indianos que volvieron ricos de las Américas. Hoy está ruinosa y descuidada pero hay algunos inquilinos que no se resisten a abandonarla. A su lado, contrasta por su sobrio estilo neoclásico, el Pazo de Ibáñez. Perteneció al primer marqués de Sargadelos, impulsor del comercio ribadense con el Báltico y creador de la fábrica de cerámicas. Atributos suficientes para albergar la sede consistorial. A su alrededor las terrazas y la vida transcurriendo alrededor de la plaza y de los edificios históricos. Má allá se encuentra el convento de Santa Clara, una reconstrucción del siglo XIV sobre un conjunto original construido en el siglo XI; y Santa María del Campo, con su portada gótica guardando a la patrona de Ribadeo. Llegó a ser catedral y antes había sido el santuario del antiguo convento franciscano. Camino del puerto está abandonada la capilla más antigua de Ribadeo, la de la Santísima Trinidad, y en la calle de San Roque el románico más sencillo pervive aun en la capilla de la Virgen del Camino. En la de las Virtudes encontraremos un tesoro inesperado. Hay que salir de Ribadeo y acercarse a la parroquia de Cedofeita pero vale la pena encontrarse con pinturas milagrosamente conservadas, imágenes que no suelen entrar en las iglesias, historias de navíos procedentes de América y figuras que aportan nuevas visiones de temas ya conocidos. Y además, en la misma parroquia, podremos echar un vistazo al Pazo de Cedofeita


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