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El valle fértil

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El Miño fertiliza el valle de Crecente.

La visita a Crecente coincide con la vendimia. En otras zonas aún no comenzaron pero aquí, donde está la Adega de Morgadío, ya es el momento. Aquí la uva madura antes, alcanza mayor graduación y tiene más cuerpo.

 
Cientos de jornaleros de la zona recogen uva albariño, y también treixadura y loureiro para elaborar estos vinos. Esta zona de la comarca de Paradanta está adscrita a la Denominación de Origen “Rías Baixas” que comprende cuatro subzonas. Estamos es una de las bodegas más importantes de las Rías Baixas. El año pasado produjeron 400.000 botellas que llegaron a Estados Unidos, Venezuela, Japón o Alemania. Este año estiman que la producción baje un 20%, porque el vino es algo tan delicado y dependiente de la meteorología, que no siempre se dan los factores adecuados. Vamos a recorrer otras partes del municipio pero sin dejar totalmente atrás el vino, pues las viñas decoran constantemente el paisaje. Igual que el Miño, que convierte a la carretera que baja a Filgueira en recorrido pintoresco. El catamarán es la mejor posibilidad para contemplar el embalse de A Frieira, que paradójicamente pasó de aprovechamiento hidroeléctrico a atracción turística. En esta misma parroquia, Quintela, hay una citania en el monte Cidá, pero el acceso es casi imposible, y carece de señalización. Para llegar a esta parroquia el recorrido que proponemos parte del coto da Cruz que ofrece una panorámica diferente a la del río. Desde aquí percibimos con claridad que el ayuntamiento tiene como principal fuente de riqueza la tierra. Siguiendo por la carretera llegamos a la capilla del cruceiro crebado, llena de encanto. Otra capilla nos aguarda más arriba, la de la Virgen del Camino. Descubrimos a pocos metros una joya del románico, un cruceiro, alrededor del cual también pasa la procesión en las fiestas. Cambiando totalmente de tema, llegamos al circuito municipal de Motocross. Lleva cuatro años acogiendo el campeonato de España, y cada fin de semana atrae a forofos y practicantes de todas partes. Hemos dejado para el final las verdaderas joyas arquitectónicas de Crecente cargadas de historia. El emblema es la torre de Fornelos, de la que ya hay referencias escritas en el siglo XIII. Fue erigida en época romana, y formó parte de una fortaleza. Fue la cárcel del obispo de Tui, por orden de Pedro Madruga. El palacio de Barreiro convertido en privilegiado establecimiento de Turismo rural fue escenario activo en la Guerra de Independencia ya que era el cuartel general del Abad Couto, aunque su historia se remonta hasta los templarios. En su interior guarda entre otros tesoros, 11 tomos que recogen toda la historia de la Guerra de Independencia en el Sur de Galicia. De él va a partir un centro dinamizador de la cultura de Crecente. Hay otro pazo más por estas latitudes, el Pazo da Fraga. Conjunto histórico del siglo XV que parece una pequeña villa en si misma. Maximiliano de Austria, Emperador de Méjico, fue alguna de las presencias ilustres que pasearon por sus 3 hectáreas de terreno. Y no nos olvidamos de dos iglesias. La de San Pelayo, es el único resto que queda de un antiguo monasterio, y a sus pies pasa un tramo de la remodelada calzada romana. Y bajo la plaza del pueblo se divisa la de San Pedro de Crecente que conserva elementos del siglo XII, también románicos y góticos.


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