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Un Mar de Historias.

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Muxía tiene el mayor patrimonio artístico de toda la comarca.

Quien recorre las tierras de Galicia hace, sin saberlo, un viaje por todas las épocas y manifestaciones culturales que ha experimentado Europa porque la ruta xacobea nos une a todos desde mucho antes de la llegada del euro.

 
Concretamente desde el siglo XII, en cuanto el Papa Alejandro tercero ofrece el perdón de los pecados a través del jubileo compostelano media Europa comienza a caminar hacia Santiago y desde allí se acercan a Muxía atraídos por la leyenda sobre la aparición de la virgen al apóstol Santiago y con curiosidad por contemplar las piedras que simbolizan la barca donde viajó la virgen. Protegiendo esas rocas y ocupando el monte Corpiño, habían construido sus castros las primeras tribus que poblaron Muxía y en realidad el culto a las piedras fue cosa suya hasta que los monjes benedictinos de Moraime convirtieron los ritos paganos en una historia cristiana. Aquellos monjes llegaron a tener mucho. Al principio no tuvieron mucha suerte, los normandos y los sarracenos destruyeron el primer monasterio donado por los Condes de Traba. Pero después, el rey Alfonso VII les ayudó a construir otro aun mayor en pago por haberlo refugiado aquí en su infancia, mientras sus partidarios y los de su madre doña Urraca se enzarzaban en luchas. Cuando se hicieron fuertes los monjes de Moraime eran señores feudales, con siervos y derecho de pernada como el conde de Altamira o su capitán Fernán Álvarez de Carantoña que también tuvo sus posesiones en estas tierras. Como sucede en muchos lugares de Galicia, los antiguos pazos y casas solariegas de Muxía fueron perdiendo su carácter monumental y se convirtieron, en el mejor de los casos, en viviendas agrícolas.
Además de Moraime estaba también el monasterio de Santa María de Ozón, donde seguían la regla de san Francisco. Hoy quedan aquí pocos indicios que nos ayuden a imaginar como era entonces. Apenas un pasadizo con su hermoso arco ojival, donde estaba la entrada del primitivo monasterio y un hórreo, que aseguran es de los más grandes de Galicia. También nos llevará la historia a otras iglesias menores en tamaño pero no en encanto, como la misma parroquial de Santa María, tan bien cobijada al abrigo del monte Corpiño y oteando desde esta roca el mar y los hermosos secaderos de congrio, los únicos que se conservan en toda Europa. Aquí están como hace siglos, siempre al lado de este mar, soportando sobre las cabrías el viento y el sol. Un viejo sistema de conservación muy apreciado fuera de Galicia. En Aragón, Cataluña y Castilla se consume casi todo el congrio que se cura en Muxía. Este pueblo ha sacado del mar todo lo que tiene. Sus callejuelas y sus casas no pueden negar la condición marinera y ojalá los barcos de hoy llegasen a puerto con la carga que traían las chalanas de entonces.


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