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Mar en calma

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Toda la dureza de la costa de Muxía parece haberse escondido a nuestro paso.

Navegamos serenamente por un mar en calma chicha que hoy no hace justicia a la fiera indómita que lleva dentro este océano.

 
Nos miramos en sus aguas y recibimos sorprendidos un reflejo azul y cristalino, más propio de otras latitudes. Y al levantar la vista, aparecen las playas vestidas de otoño, blancas y salvajes. Barreiros y Area Maior al fondo, y rozando nuestro barco los criaderos de un pulpo que aun no sabe si quiere crecer en cautividad. A los rodaballos en cambio sí les gustan las comodidades de la planta de la costa de Merexo, desde donde empezamos a divisar ya la vecina Camariñas. Antes de tocar su puerto tendremos que pasar por la playa do Lago y la de Leis...y atravesar también la desembocadura del río Grande. Entramos en el puerto de Camariñas tan tranquilamente y sin haber sentido aun los peligros de Cabo Vilano. Aquí finaliza nuestro paseo por la ría de Muxía-Camariñas y comienza una ruta por la costa que nos devolverá a nuestro punto de partida.
En el camino de regreso la primera parada es Ponte do Porto. El río Grande en su tramo más urbano es el hogar que han escogido estos patos para vivir. Pero la belleza de este río está en su desembocadura. Ahora, desde un privilegiado mirador nos damos cuenta de que desde el barco apenas habíamos podido intuir su verdadera magnitud. Algo parecido sucede en la playa do Lago. Desde tierra descubrimos un pinar estupendo para la siesta y un arenal que nos invita a disfrutar de un último día de sol antes de que llegue el invierno. En esta ruta también tenemos un río, el Castro. A su paso por este lugar dibuja una serie de rápidos que producen en las rocas de su cauce curiosas formas alveolares, conocidas por los vecinos como Caldeiras do Castro, y que a nosotros se nos antojan como la mejor fuente de inspiración para inventar el jacuzzi.
De vuelta a Muxía caemos en la tentación de subir al monte Corpiño. Enfrente, Cabo Vilano y su leyenda. A este lado, la península asomada al océano y el Santuario recortándose en el mismo azul. A sus pies las piedras mágicas donde los enamorados se juran amor eterno y los demás mecen sus deseos y demuestran sus verdades, antes de que el sol se funda cada día con el mar y la barca penetre en la oscuridad del hade.


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