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Pasión por el Miño

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El río Miño, padre simbólico y venerable de todos los cauces gallegos.

Sorprendemos al Miño a su paso por Ourense, una de nuestra siete grandes ciudades. La mano del hombre lo ha coronado de puentes y paseos, a medio camino entre belleza ornamental y solución pragmática. El resultado es un hermoso cauce urbano.

 
Pero este río que nos lleva nos introduce rápidamente en la comarca de O Ribeiro, allá donde riega un paisaje de viñedos tan fértiles como famosos. En tierras de Cenlle se produce el encuentro entre río y comarca, y sus destinos se confunden. Es un territorio con una personalidad bien definida, monocultivo vitícola, monumentalidad, tradiciones... con el precioso líquido como eje fundamental. El agua y el vino. La zona, por si fuera poco, entraña otros misterios, como el de la corriente de aguas termales que recorre el Miño desde las Burgas ourensanas, Barbantes y el fondo del embalse de Castrelo, y que prosigue río abajo. Cuentan que en las aguas de este salto de 20 metros de altura quedaron sumergidas las mejores cepas de O Ribeiro. Testigo de aquella gran polémica fue la iglesia parroquial de Santa María de Castrelo, que permanece anclada por todos los medios, a su colina. Cuando en 1969 entró en funcionamiento el embalse, sus máquinas, dos turbinas, eran las más grandes de Europa. Entonces ya estaban activos los embalses de Belesar y Os Peares, río arriba, por lo que Castrelo fue concebida como presa fluyente y no de almacenamiento. El río, además, es muy caudaloso en este tramo. En este momento lo hemos encontrado al 90 por ciento de su capacidad, donde reside la fuerza que le hace alcanzar su pico más alto de producción, 112 megawatios por hora. Pero el embalse cuenta con otros usos. Nada que ver el aspecto actual del Club Náutico de Castrelo de Miño con el frenesí veraniego, que enseguida nos mostrarán. Ahora podemos apreciar toda la calma de este mar interior. Río abajo, en Rivadavia, tiene un nuevo y milenario encuentro: el Avia aporta su caudal al Miño, que amoroso recibe a este hijo llegado de un intenso viaje. Algunas barcas nos traen a la memoria las viejas embarcaciones que surcaban estos cauces transportando el tesoro líquido de O Ribeiro. Y seguimos ahora nosotros también navegando para presenciar el abrazo emocionado con el Arnoia y disfrutando de las infinitas posibilidades de ocio, deporte y aventura de estos ríos.


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