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Pasión por el vino

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Caminos de arrieros, terrazas de viñedos y uvas dorándose al sol, ésa es la esencia del Ribeiro.

Recorrer esta tierra es contagiarse al instante del espíritu dionisíaco que empapa a sus gentes.

 
En el Ribeiro es vino es cultura, una cultura con casi dos mil años de historia. La iniciaron los romanos, recogieron el testigo los monarcas asturleoneses y consiguieron la perfección los monjes de San Clodio y de Melón. El vino del Ribeiro fue símbolo de poder y opulencia durante los siglos. Su calidad y su fama fueron utilizadas por ingleses y judíos como moneda de cambio. Después llegaron los malos tiempos, las guerras que impedían el comercio, la competencia de los vinos riojanos que curiosamente eran entonces mucho más baratos, la filoxera y finalmente la emigración masiva de quienes lo cultivaban. El vino del Ribeiro ha sobrevivido a todo esto y hoy renace más brillante que nunca. En Galicia consumimos la mitad de la producción. Un 15% se envía a Europa y América Latina y el 35% restante se destina a mercados nacionales, a Madrid, Barcelona y Bilbao sobre todo, donde el Ribeiro ha vuelto a situarse entre los vinos más destacados de España por su complejidad varietal y su amplísima gama de aromas y paladares: treixadura, torrontés, loureira, brancellao, caíño, sousón... En la comarca del Ribeiro existen actualmente tres mil hectáreas de viñedos amparados por el consejo regulador. Bajo la denominación de origen Ribeiro trabajan en estos momentos 92 bodegas. El Consejo controla todas las fases de su proceso productivo, respaldando sólo los vinos que cumplen las condiciones exigidas y superan el detenido examen organoléptico de un comité de calificación. Estamos en época de vendimia. Los seis mil empleos directos que genera este sector en la comarca se convierten ahora en 15 mil. Es difícil aventurar cifras globales de facturación pero sí se puede decir que el Ribeiro cotiza al alza cosecha tras cosecha. En la de este año se han recogido aproximadamente 14 millones de kilos. Las últimas lluvias han dejado las uvas en su preciso punto. Este año habrá menos vino pero de mejor calidad. Blancos, frescos y aromáticos, suaves y ligeros. Tintos afrutados y complejos, llenos de pasión. Abrir una botella de Ribeiro es una fiesta que se celebra por todo lo alto a finales de abril pero cualquier día del año es difícil caminar por las calles de Ribadavia sin ser invitado a degustar en una de sus bodegas vinos de autor tan anónimos como exquisitos. En el histórico PAPUXA no hay clientes sino amigos y todo el mundo se sirve a sus anchas y paga según su honradez. Lo importante es sentarse a compartir porque beber "un bon viño de Ourense" como lo denominaba Alfonso X El Sabio, es beber parte de la historia, de la tradición y hasta de la leyenda de una Galicia misteriosa, poética y sorprendente.


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