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Entre dos Monasterios

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Cuando en 1142 se fundó el monasterio de Melón comenzó a escribirse una de las páginas más esplendorosas de O Ribeiro.

Recientemente restaurada, la imponente iglesia románica nos ofrece pistas para adivinar el poder económico de la orden del Císter en estos que eran sus dominios.

 
Pero la confirmación la tenemos en lo poco que se conserva de las otras dependencias. En una atmósfera de cuento, los animales nos guían por los senderos intrincados que forman las piedras aquí y allá. La salvación está más cerca para toda esta maravilla. Arqueólogos del Laboratorio de Arqueoloxía e Formas Culturais de la Universidade de Santiago ya están trabajando en él. Quizá pronto todo esto se haya convertido en un hotel de lujo, como le ocurrió al monasterio benedictino de San Clodio, fundado en 1151. Aquí se consiguió vencer al tiempo y la ruina, y hoy el monumental conjunto recuerda su pasado como dinamizador económico de O Ribeiro. Nada menos que desde estos pequeños mundos que gobernaban extensos territorios se propulsó el reparto de las tierras y se dio impulso al cultivo de la vid. La influencia de estos monasterios fue decisiva en Ribadavia. Oseira, Melón, Celanova tenían grandes intereses en las rentas abundantes de la villa, así que cada uno fue propietario de una parroquia. No extraña entonces que en el interior de la villa las iglesias, hasta siete, sean un elemento característico de la ciudad medieval. De la románica de Santiago, al convento de Santo Domingo, construido entre los siglos XIII y XIV, a caballo entre el románico y el gótico. En 1931 fue declarado Monumento Nacional y en la actualidad el antiguo claustro se ha reconvertido en residencia de mayores. Muy cerca se encuentra la iglesia neoclásica de Nuestra Señora del Portal, patrona del Ribeiro. Su construcción y añadidos posteriores datan de los siglos XVII al XIX y está considerada como ejemplo de barroco neoclásico. En su llamativo interior destacan el retablo y el descenso tallados en madera de ciprés. También extramuros se halla el convento de San Francisco, cuya iglesia está consagrada a San Antonio. Las naves laterales son del siglo XIX, pero la central está fechada entre los siglos XVI y XVII. Y una curiosidad, el convento era paso obligado para los franciscanos que embarcaban en Vigo rumbo a América. Regresamos a Ribadavia, para el final reservamos la pequeña iglesia de San Juan, del siglo XII, construida por la Orden de Malta, defensores de los Santos Lugares, que aquí contribuyeron al alivio de los peregrinos a Compostela que utilizaban este ramal del Camino Portugués. Obra suya fue el antiguo hospital y hoy sede del Consello Regulador de la Denominación de Orixe O Ribeiro.


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