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Villa Cultural.

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Mondariz ha sido históricamente mucho más que una villa turística

Todo mana de las mismas fuentes. La pasión de una burbuja, un agua inigualable que se erige en motor del pasado, el presente y el futuro de Mondariz Balneario, la Villa Cultural.

 
Mondariz ha sido testigo y protagonista de una “Belle Époque” irrepetible, de cuando era un pequeño Mónaco esplendoroso trasladado a Galicia. Lo más granado de la alta sociedad, la política y la cultura de finales del siglo XIX y principios del XX se reunía en el Gran Hotel que aún se yergue majestuoso. A pesar del desastre, el incendio que lo arrasó en 1973, todavía conserva su capacidad evocadora de aquellos tiempos. El edificio del Gran Hotel, obra de Genaro de la Fuente, fue inaugurado en la temporada de 1898 y muy pronto la instalación balnearia se convirtió en referencia para toda Europa. Los termalistas llegaban de todo el continente, e incluso de América, trasladados por las grandes navieras que arribaban al puerto de Vigo. El semanario “La Temporada de Mondariz” dio buena cuenta de la visita de hombres de negocios como Mac Donald o Rockefeller, amén de otras publicaciones periódicas que contaron con las firmas insignes de Rosalía de Castro, Manuel Murguía, Alfredo Vicenti, Emilia Pardo Bazán, Isaac Peral, Emilio Castelar o Carlos Arniches, en una nómina interminable de grandes figuras del pensamiento, la ciencia y las artes. Aquí tuvo lugar el ingreso de Ramón Cabanillas en la Real Academia Galega, en 1920. Pero el poeta de Cambados quedó prendado del lugar. Hasta cuatro de sus obras vieron la luz en el Balneario de Mondariz, entre ellas el poemario “Na noite estrelecida”, magna recreación del pasado glorioso de Galicia enmarcada en el universo de la mitología celta. Bajo la atenta mirada de Enrique Peinador Vela, artífice de la Villa Termal, poco a poco Mondariz recupera su esplendor gracias a la suma de esfuerzos de administraciones públicas e iniciativas privadas. La obra se completará con la el “Templo del Agua”, destinado a ser el centro termal más importante de Europa, y el Hotel número cinco, en la antigua planta embotelladora. Además de la rehabilitación del Gran Hotel, la joya de la corona, los recuperados inmuebles del antiguo Teatro A Baranta y del Hotel Sanatorio, ambos del arquitecto porriñés Antonio Palacios, lucen como nunca convertidos en instalaciones hoteleras de la Cadena Meliá. Confort y lujo adaptados a los nuevos tiempos pero con sabores que vienen de antiguo y que hoy día se paladean en encuentros culturales, literarios, musicales, pictóricos. Lo que nunca Mondariz debió perder y ahora vuelve a brillar: su intensa actividad artística. A la par, modernos centros como la Residencia Educativa Cemar fomentan la práctica del deporte y la formación humanística, para educar futuras sensibilidades en el mejor entorno posible.


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