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Tierra llana, Techo Azul.

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Los espacios naturales.

``A Terra Chá somentes é:
un povo aquí, outro acolá.
mil arbres, monte raso,
un ceio chumbo e tráxico
no que andan as aves a voar
O resto é soedá´´
.
Manuel María.

 
La Chaira luguesa es paisaje de pequeños contrastes y deseadas emociones, que en tantas ocasiones ha sido fuente de inspiración para escritores gallegos. Manuel María describió esta tierra con la fidelidad y la querencia de un chairego. Mil árboles, es verdad. También acuarelas de praderías y cultivos, senderos mágicos, caminos perdidos, pero sobre todo árboles. Las masas forestales abarcan un 60 por ciento del territorio, a pesar del gran retroceso que han sufrido y siguen sufriendo los bosques, sobre todo los de tipo autóctono que van siendo sustituidos por repoblaciones de pinos porque el eucalipto no se da tan bien. De las entrañas de Codesido salen las aguas medicinales de la charca del Alligal. En verano este lugar se llena de gentes que llegan aquí atraídas por las leyendas que le atribuyen a estas aguas poderes curativos en las dolencias relacionadas con la piel y con el reuma.
El agua se asoma en cada esquina de Vilalba, recorre su extensa llanura, dibuja vetas cristalinas en la tierra verde. El pequeño y humilde regato tiene la sutil fragilidad de un suspiro y el delicado arpegio mágico de un lamento. Y pasa, como una canción de amor, rozando y acariciando la tierra blanda, pura, estremecida y alertada. La increíble levedad de sus aguas se hace fiel espejo del techo azul y de los amieiros y las bidueiras. Es el Labrada, que pronto se dejará caer en brazos del Ladra como atrás lo hicieron el Madalena y el Trimaz. El Labrada ha venido bajando desde estas montañas que ponen fin al monte raso del poeta. La gran llanura termina en el norte, justo donde comienza a extenderse la Serra da Carba, suave, verde y esponjosa. El Monseiván y otras altitudes de entre 800 y 900 metros construyen el reborde montañoso que individualiza a esta comarca. En sus faldas, los caballos salvajes tienen su propio poblado, nadie les dice lo que tienen que hacer, viven sin ser molestados y se entregan al viento en cualquier colina.


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