Mapa de recursos


Dos ríos y un molino

Añadir a digg | Añadir a technorati | Añadir a wikio | Chuza esta nova | Añadir a Menéame | Añadir a Del.icio.us | Añadir a Yahoo | Añadir a tuenti | Añadir a fresqui | Añadir a facebook | Añadir a newsvine | Añadir a stumbleUpon | Añadir a spurl | Añadir a blinklist



 

La tierra verde nos propicia el encuentro con el agua.

El río Trímaz es limpio y cristalino, el refugio ideal de los pescadores que acuden a sus cotos trucheros en temporada. El resto del año, como ahora, es coto privado de todos, para estar en comunión con la naturaleza casi virgen a un paso del centro urbano.

 
Esa misma impresión es la que nos produce la playa fluvial del otro gran río vilalbés, el Magdalena. Aquí es fácil adivinar veranos llenos de frescor y otoños plácidos como el que vivimos. En sus márgenes el paseo es inigualable. Una ruta de senderismo apta para todos los públicos. Está calificada como de dificultad baja, por eso es el paseo diario de los vilalbeses y de los que, como nosotros, estamos de paso. Es más que recomendable, sus dos kilómetros y medio de longitud se hacen en apenas tres cuartos de hora y además en un entorno de cuento. Las hojas doradas por la luz que nos acompaña nos sumergen de lleno en un país mágico. El agua juega con nosotros a regalarnos postales imposibles. Incluso no nos extrañaría encontrarnos con un gnomo salido de debajo de una seta, aunque sea venenosa. La sombra apacible de carballos, alisos, abedules... nos ofrece su dulce cobijo. Nos hallamos a la altura del “Muíño dos Pasos”. Poquito a poco nos acercamos al final de nuestro recorrido por estos senderos de agua. El que seguimos, el de losetas de pizarra sigue deparándonos sorpresas. Atravesamos pequeños puentes de madera, y en nuestro caminar, dejamos que la luz nos hechice y juegue con los sentidos. Todavía estamos bajo los efectos del encanto. De este modo, llegamos a la última etapa, el molino conocido como “O do Rañego” que marca el otro límite de este paseo. Termina en una preciosa muestra de arquitectura popular chairega, que es además, toda una obra de ingeniería. Pertenece a una época en la que las máquinas todavía no gobernaban los destinos de los hombres. Las obras de rehabilitación están prácticamente ultimadas, una muestra estupenda del buen trabajo realizado por una escuela taller. Las aguas del Magdalena siguen moviendo sus molinos y, de paso, las emociones de todos nosotros.


Comparte esta página o añade un comentario en tu Facebook



Última actividad en Facebook