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Ciudad medieval

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Son muchas las leyendas que tratan de explicar el origen de Noia.

Noia, según algunos estudiosos, fue fundada por Noé, quien habría arribado a estas tierras tras finalizar el diluvio universal como recoge el escudo del municipio. Para otros fue una nieta de Jafét, hijo de Noé. Y los más dicen que todo esto nació en la imaginación de Plinio, quien en su Historia Natural habla de Noela y describe los pueblos celtas que poblaron originariamente este territorio.

 
Varios castros y el dolmen de Argalo, conocido popularmente como Cova da Moura atestiguan la presencia de la tribu de los Presamarcos, que también aparecen citados en la Chorografía de Pomponio Mela que en el siglo 1 después de cristo ubica a esta primitiva tribu en la parroquia de la actual Santa Cristina de Barro. Debido a las constantes invasiones se decidió crear un nuevo emplazamiento más protegido en la desembocadura de los ríos Traba y San Francisco. Fernando II de León otorga una nueva carta puebla, el 9 de abril de 1168 y a partir de ese momento, la villa cobra un gran auge comercial y religioso. Tenía conjuntamente con Pontevedra la exclusiva para producir grasa de saín, un aceite muy apreciado en la época. El arzobispo de Santiago, Berenguel de Landoira, celebra aquí su primer concilio y el Rey Juan I pronuncia su famosa frase: "mientras tenga en mi poder las sillas y fortalezas de La Coruña y Noia, seré señor de Galicia". Pero Noia pasa de mano en mano, llegando incluso a estar en poder de diversos señores genoveses, hasta que en 1636 es reintegrada a la mitra compostelana. Como todos los lugares de pasado ilustre, Noia guarda grandes joyas artísticas que recuerdan su apogeo medieval y que han hecho de ella "la pequeña Compostela".
La iglesia de Sta. María a Nova, es ya un monumento histórico-artístico nacional. Se halla en el centro de la Quintana dos Mortos, un curioso cementerio que, según la leyenda, fue hecho con tierra de Palestina traída en barcos noieses. La iglesia fue edificada sobre otra más antigua por el arzobispo Berenguel de Landoira, quien la consagró en el año 1327. Es un templo de estilo gótico marinero gallego en el que se conservan gran cantidad de lápidas gremiales y nobiliarias de todo el medioevo y edad moderna. En la Plaza de O Tapal encontraremos la iglesia de San Martiño, un maravilloso ejemplo de gótico gallego con su enorme rosetón y una portada de clara influencia compostelana. La imagen de Cristo preside la clave y lo rodean los doce ancianos del Apocalipsis con sus instrumentos mientras los dieciséis ángeles de la arquivolta superior hacen escolta. Alrededor de San Martiño encontraremos varias casas señoriales góticas y si nos acercamos a la alameda podremos visitar el actual edificio municipal, cuyo claustro formaba parte de las dependencias del convento de San Francisco. También merece la pena ir a la parroquia de Obre, para ver el curioso ábside románico de la iglesia de Santa María y el pazo da Peña do Ouro. Nos sorprenderá saber que este fenomenal edificio barroco fue construido en pleno siglo XX, aunque también se le colocaron piezas como el claustro románico trasladado en 1920 desde el monasterio de Toxosoutos. Todo el palacio está envuelto en una leyenda fascinante que se vuelve más intensa al pasear por las grutas románticas y los frondosos árboles de sus jardines.


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