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Al pie de la sierra

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Serra de Outes, en la Ría de Plata.

Los atractivos de la Serra de Outes son más que evidentes. Las playas, como Arnela y Portosiavo, son tranquilas y recogidas. En Broña, por ejemplo, el descanso está asegurado en el área recreativa, rodeada por el paseo marítimo de reciente construcción.

 
Para descansar el visitante puede escoger entre tres casas de turismo rural. Alojamientos en los que conviven la arquitectura popular y la adaptación a los nuevos tiempos. En Casa de Roque además se pueden saborear las delicias de la ría. Y quienes conocen cómo hallarlas son los marineros de O Freixo, el pintoresco puerto de Outes. Su flota de bajura es la principal ocupación, junto con el marisqueo a pie, de las gentes del municipio. Otro oficio tradicional, la carpintería de ribera, también permanece viva en los astilleros de este puerto. La abundancia de madera de los bosques de Outes procura la permanencia de este trabajo, que se resiste a desaparecer. O Freixo es el segundo núcleo de población de Outes, en el que residen cerca de 1.500 personas. Aunque es A Serra, la capital municipal, la que registra la mayor densidad de población, con 2.500 habitantes sobre un total de casi nueve mil en todo el ayuntamiento, articulado en 10 parroquias. A Serra, y en general, todo el municipio, ha experimentado una notable dotación de servicios en los últimos años, debida, sobre todo, al auge del sector turístico. Edificios públicos y zonas verdes que no hacen sino incrementar la calidad de vida de sus habitantes e impresionar favorablemente a sus muchos visitantes. Pero, como decíamos cuando iniciamos nuestro paseo por Outes, aquí hay mucho que ver. Es especialmente rico su patrimonio histórico y religioso. Sus iglesias, casi todas construidas entre los siglos XVII y XIX, como la de San Juan de Roo, son monumentales. En la parroquial de San Ourente dos cruceiros franquean la entrada, de los más de cien que hay en todo el municipio. El templo cobija los restos de San Campio, traídos de Roma en 1794 por una concesión del Papa Pío VI. Y además de cruceiros, petos de ánimas y pequeñas capillas salpican un paisaje encantador. Los pazos, como el urbano de A Serra, y el del Tambre, en Cando, nos hablan de un pasado señorial. Y lo entendemos, porque es toda una delicia vivir al pie de la ensenada que forma el Tambre cuando va a descansar al Atlántico. Testigo de esta unión es Ponte Nafonso. Una joya artística y arquitectónica de 20 arcos ojivales cuyo origen se remonta al siglo XIV. Sus 270 metros de longitud fueron, hasta que se construyó el puente de Ceilán, una de las principales vías de comunicación de Galicia, además de límite entre Outes y la vecina Noia.


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