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Del río a la devesa

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Una ruta natural

Nuestra ruta sale de la Alameda, donde las palmeras, los bancos fundidos en Sargadelos y el palco de la Música dan inicio a un itinerario que nos llevará hasta el río Tambre y la Devesa de Nimo.

 
Desde Augalevada la ruta nos mostrará la Ría de Muros y Noia en todo su esplendor. En Santa María de Roo la iglesia se alza sobre el valle salpicado de cultivos y de mensajes difíciles de desentrañar (NO TIRAR FLORES). Caminamos por antiguas corredoiras y por caminos de aldeas donde se unen los encantos naturales y la intervención de la mano del hombre. En poco tiempo descubrimos un edificio, que podría ser una colegiata o quizás una mansión pero que sorprendentemente resulta ser una Central Hidroeléctrica proyectada por el arquitecto gallego Antonio Palacios en 1932. En sus tiempos la central Tambre I fue una de las más importantes de Galicia, y llegó a abastecer de energía eléctrica a ciudades como Santiago o Ferrol. A su lado un perfecto decorado natural, con jardines y un área de recreo a la orilla del río, donde tendremos el privilegio de descansar bajo robles centenarios. Ya repuestos, reemprendemos la ruta por el sendero que bordea el río. El hermoso puente colgante nos atraerá como un imán. El caminante curioso no podrá resistirse a probar el balanceo de la pasarela desde donde vamos a obtener la primera perspectiva del río. En el trayecto que nos lleva a la Devesa nos encontraremos con varias pesqueiras que en la Edad Media se utilizaban para capturar las lampreas que remontaban la corriente y que hoy ya no se dejan ver por estas aguas. Algo más adelante el refugio de pescadores de Couto de Noia es una buena parada para detenerse de nuevo a contemplar el paisaje. Desde este lugar un último sendero nos acercará a nuestro objetivo. Hemos empleado una jornada de casi ocho horas en recorrer los 28 kilómetros de la ruta y estamos a punto de entrar en la Devesa de Nimo, un bosque de hadas habitado por pequeños seres que tejen su vida en este lugar donde los árboles parecen mágicos y cualquier piedra puede convertirse en el sillón más cómodo. Aquí encontraremos un rincón secreto para refugiarnos cada vez que el mundo nos parezca inmundo


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