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La Ría del Sol

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La ría de Arousa es la más abierta e interesante de todas las rías gallegas.

El azul, el amarillo y el verde se funden cada tarde en una luz mágica que inunda Vilagarcía. Es la llamada del mar, que invita al sosiego y al disfrute de una naturaleza única.

 
Vilagarcía forma una amplia bahía de más de 200 kilómetros cuadrados internacionalmente reconocida por sus privilegiadas condiciones para la práctica de la navegación deportiva. Por eso hoy la recorreremos a bordo de una pequeña embarcación de recreo. Desde el puerto de Vilagarcía surcaremos las aguas de esta ría de sol, de turismo náutico, de atractivas playas y de buen marisco que crece por ejemplo en las dos mil bateas colocadas a lo largo de toda la ría. Estos palafitos suspendidos en el agua tuvieron su origen aquí, en el mar de Arousa. Inventores de la batea, los arousanos comenzaron construyéndolas con viejos pesqueros. Hoy son de madera las de gran tamaño y de plástico de alta resistencia con armazón de hierro las pequeñas. Una batea grande puede producir entre 40 y 50 toneladas de mejillón al año. El anticiclón de las Azores abona de forma natural esta ría de donde sale el 95 por ciento del mejillón que se produce en toda España, que es ni más ni menos que el 20 por ciento de la producción mundial. Se trabaja bajo las directrices de un cluster y al amparo de la denominación de origen. El mejillón se ha convertido en un gran sector industrial que da de comer a miles de familias arousanas. No en vano, esta zona cuenta con varios centros de investigación de cultivos marinos en donde realizan estudios biólogos de todo el mundo. Con las bateas como inseparables compañeras de viaje, nos internamos en la ría. Abandonamos definitivamente Vilagarcía y continuamos por la costa de Vilaxoán y Vilanova, atravesando de lado a lado la larga y hermosa playa de las Sinas. Divisamos ahora al fondo el puente y la Illa de Arousa, un paraíso que visitaremos con calma al regreso. Nos saludan al pasar el faro de Punta Cabalo y la Playa de Areasecada, donde se están impartiendo clases de vela. Nos dirigimos ahora hacia la noble villa de Cambados, donde la historia y el albariño se empapan irremediablemente del acento del gran poeta Cabanillas, eternamente vivo. Hasta aquí hemos llegado en nuestra travesía por la ría de las divinas palabras. De regreso nos queda pendiente una última parada en la Illa. Hasta 1985 esta era una auténtica isla a la que sólo se accedía por barca desde el muelle de Vilanova. Cuando se construyó el puente algunos dijeron que debía haber llegado mucho antes. Pero cabe meditar qué hubiera sucedido si el enlace por carretera se hubiera hecho antes. La isla sería probablemente un lugar donde llorar por los estragos de la especulación y en vez de eso es un paradisíaco lugar que conserva intactos todos los encantos de un pueblo marinero, que vive también del marisqueo, de las bateas y de la pesca del pulpo, una práctica tradicional entre los marineros isleños que traen a puerto ejemplares de excelente calidad. Un motivo más para acercarse a conocer las delicias de esta isla de ensueño que abandonamos para regresar al puerto de Vilagarcía por este mar de belleza y de misterio, por esta ría de sol y de atractivos que les descubriremos palmo a palmo a lo largo del programa.


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