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El Mar del Tesoro.

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La Ría de Vigo.

Dicen que es la más hermosa de las Rías Gallegas. Lo cierto es que es difícil establecer tal comparación para quien las ha conocido todas, pero no es menos evidente que la Ría de Vigo hace sucumbir a cualquiera.

 
La Ría es una reunión de prodigios. Guardando su salida están las míticas Islas Cíes, las Casitérides fenicias. El flamante reconocimiento como Parque Nacional Illas Atlánticas no ha hecho sino poner de manifiesto la riqueza ambiental y paisajística de los tres picos que se alzan frente al Atlántico. La pétrea figura de estos gigantes protege la ría de fieros temporales, gracias a este cobijo podemos disfrutar de su característico perfil de bateas, donde se cría el mejillón. La benignidad del seno de la bahía ha permitido de igual modo el asentamiento de la ciudad de Vigo, la metrópolis gallega por excelencia. Es también una zona comercial y de tránsito importantísima desde tiempos inmemoriales. De ahí que en nuestros días, el puerto de Vigo sea uno de los más importantes de Europa. Desde el mirador de A Guía oteamos la ribera norte y nos deslumbran Moaña y Cangas, poblaciones marineras donde nos salen al encuentro los sabores tradicionales mejor conservados y espectaculares arenales. Hacia el nordeste, la ría se estrecha en Rande, donde la atraviesa la Autopista del Atlántico, que va de Ferrol a Portugal. Cabalgando sobre el océano se alza el Puente de Rande, aún hoy, veinticinco años después de su construcción, uno de los símbolos de la Galicia moderna. Tras alcanzar el puente colgante, aparece el fondo de la ría. Es una bella ensenada, presidida por la Isla de San Simón, la que cantaron los poetas medievales. Sus aguas tranquilas acogen pequeños puertos de pescadores artesanales, como el de Redondela. Es el reino del choco que es la sabrosa estrella de la gastronomía de la zona. Además, frente a sus arenales, como el de la playa de Cesantes, se extienden los ricos bancos marisqueros. La visión de la ría desde aquí es privilegiada. Por algo está prevista la construcción de un paseo marítimo hasta el puerto pesquero, además de amarres para embarcaciones deportivas. Pero esta ensenada resguardada y serena conserva aún la memoria de cuando el mar ardía. La Ría de Vigo fue el escenario de la mayor batalla naval en la historia de Galicia. Trescientos años han transcurrido desde aquel enfrentamiento de españoles y franceses contra ingleses y holandeses. El centro de la disputa fue el Tesoro de Indias. La efemérides se conmemoró con la exposición inaugural del Museo del Mar, en Vigo. “Rande, 1702: Arde el mar” nos mostró a todos los gallegos y a visitantes objetos y maquetas, personajes y acontecimientos alrededor de la batalla que enfrentó en la ría a las cuatro grandes potencias marítimas de aquel entonces. Pero en el fondo del mar duerme todavía una lección magistral de historia. Los restos de la batalla permanecen ocultos, no así los muchos otros encantos del mar del tesoro.


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