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Viaductos de Redondela

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"He viajado por un pueblecito caído del cielo"
Federico García Lorca.

Muchos viajeros del ferrocarril no pudieron sustraerse al encanto de Redondela desde el aire: Otero Pedraio, el doctor portugués José Fialho de Almeida, la aventurera británica Annette Meakin, la antropóloga estadounidense Ruth Matilda Andersen...

 
Todos ellos llegaron a la villa por los caminos de hierro que cruzan su techo. Dos magníficos puentes que le han valido a Redondela el sobrenombre de “Villa de los Viaductos”. Sin ninguna duda, el tren fue una auténtica revolución para Redondela. La construcción de la vía férrea fue un importante dinamizador económico para la población, que después asistiría al tránsito incesante de mercancías, comerciantes, viajeros, que, en la mayor parte de los casos, hacían parada y fonda en la villa. Así, Redondela fue creciendo al pulso de la locomotora. En la actualidad, su estación de tren continúa siendo uno de los nudos ferroviarios más importantes de Galicia y las máquinas modernas, por fortuna, han desterrado el recuerdo de los trenes de la guerra y de los emigrantes. Estudiantes, turistas y equipajes cargados con proyectos y realidades cruzan cada día sus destinos en Redondela, hacia el norte, el sur, Portugal o Madrid. El tren forma parte de Redondela, está indisolublemente unido a su perfil urbano, a su paisaje casi desde cualquier ángulo. Los causantes son dos grandes obras de ingeniería: los viaductos. El primero de ellos se conoce como “el de Madrid”. Fue construido en 1870, y en su arquitectura combina elementos de vanguardia con signos más tradicionales, como sus cabeceras de cantería. La compañía francesa que lo levantó nunca llegó a cobrar la obra, y a su autor, el ingeniero italiano Pedro Floriani, le dijeron que el viaducto no era seguro y, por tanto, no entraría en servicio. En la ruina y desolado, se intentó suicidar tirándose desde su propia creación, pero, inválido sobrevivió para verlo funcionar. Después de su muerte, en 1871, el rastro de Floriani se pierde para siempre de todos los archivos, pero los dos millones de kilogramos de hierro del viaducto Madrid siguen coronando la villa. Su hermano menor, el viaducto Pontevedra, se erigió en 1881 siguiendo los modelos popularizados por Eiffel a finales del siglo XIX en toda Europa. Hoy continúa en activo para que el ferrocarril pueda seguir volando por el cielo de Redondela.


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